EDITORIAL

A igual trabajo, igual salario

La Inspección de Trabajo investigó el año pasado a 362 empresas en un esfuerzo por detectar posibles situaciones de discriminación salarial por razón de sexo. El saldo de esas pesquisas, que englobaron a algo más de 57.000 trabajadores, reveló que solo siete compañías, el 2% del total, incurrían en esa práctica. La actuación de Trabajo, que se enmarca en el plan de actuaciones para la vigilancia y cumplimiento de la Ley de Igualdad, se cerró con una propuesta de multa de 10.000 euros a una de las siete compañías y seis requerimientos para subsanar otras tantas situaciones en el resto.

Los datos obtenidos sobre el terreno por los inspectores laborales contrastan de forma llamativa con la radiografía que las estadísticas ofrecen de supuestas y amplias diferencias salariales por el mismo trabajo entre uno y otro sexo. La última Encuesta Nacional de Estructura Salarial del INE cifra esa brecha nada menos que en un 22%, si bien se trata de un cálculo basado en las masas salariales de hombres y de mujeres, sin entrar a analizar la casuística individual en el mismo puesto de trabajo. Cuando la encuesta desciende al nivel de detalle arroja diferencias efectivas, que en el caso de determinados perfiles de trabajadores -por ejemplo, los no cualificados en algunas áreas de servicios e industria- llega al 31%, mientras que entre empleados con titulación universitaria de primer ciclo se queda en un 11%.

En los últimos años han proliferado numerosos estudios, muchos de ellos elaborados por sindicatos, que denuncian la existencia de brechas salariales de similar magnitud en el mercado español. Pese a evidenciar que el problema existe y que, por tanto, es necesario erradicarlo, un creciente número de expertos matiza considerablemente esos cálculos y recuerda que parte de esa diferencia es atribuible a factores ajenos a la segregación por sexo, como puede ser el haber pasado mayor o menor tiempo en el mercado laboral o el disponer, en general, de un mayor o menor nivel de formación.

Los resultados del informe elaborado por Trabajo apuntan en esa dirección y revelan que en la mayor parte de las empresas no se ha detectado discriminación salarial directa. Un problema diferente, más difícil de detectar y, por tanto, de erradicar, es la denominada discriminación indirecta: la ausencia de mujeres en puestos de alta responsabilidad. Pese a que también aquí es aconsejable matizar conclusiones -existen profesionales que deciden voluntariamente disminuir la presión sobre sus carreras para dedicar más tiempo a su vida personal-, una simple ojeada a la composición de los órganos de administración de las grandes empresas revela que se trata de un campo en el que todavía hay mucho por hacer.