EDITORIAL

Nuevo rumbo para las rurales

La crisis económica ha actuado como una escoba en el sector financiero nacional. Las entidades débiles se han visto obligadas a fusionarse o correr el peligro de perecer. Este fenómeno ha sido particularmente evidente entre las cajas de ahorros. Las cooperativas de crédito, por contra, no han generado hasta ahora sobresalto alguno. Disfrutan de buenos ratios de solvencia y liquidez. Pero el vía crucis económico nacional va para largo y no conviene confiarse.

Las cajas rurales han ignorado la petición que les realizara el Banco de España al inicio de la crisis, en el sentido de agruparse en torno a un par de sistemas institucionales de protección (SIP) de carácter nacional. En tres años de adversidad económica apenas han prosperado media docena de alianzas regionales. Un resultado decepcionante, pero predecible, en un gremio donde sobran personalismos y recelos localistas. Estas entidades deben replantearse seriamente su papel y aspirar a ser en España lo que es la banca cooperativa en Europa: un referente. Su labor es indispensable para evitar la exclusión financiera y, precisamente por eso, deben encontrar nuevos esquemas operativos que permitan pervivir al mutualismo bancario a largo plazo. De lo contrario, acabarán diluyéndose hasta resultar irrelevantes para el país, para la economía y, sobre todo, para la gente.