EDITORIAL

Flexibilidad laboral contra la crisis

Las anunciadas novedades en materia laboral aprobadas por el Gobierno en el Consejo de Ministros del viernes persiguen fundamentalmente dos grandes objetivos: dotar de mayor flexibilidad a las empresas a la hora de aumentar su plantilla -aunque se trate de un crecimiento basado en contratos temporales- y hacer frente al insostenible y creciente azote del paro juvenil. Para el primero de esos fines, el Real Decreto Ley de Medidas Urgentes para la Promoción del Empleo ha dado un paso impopular para los sindicatos, pero necesario: autorizar a las empresas a encadenar contratos temporales sin necesidad de convertirlos en fijos por un periodo de dos años. Se elimina así la obligación de transformar una relación laboral en indefinida cuando un trabajador suma dos o más contratos temporales durante más de 24 meses en un periodo de 30. Consciente de lo polémico de la medida, el ministro de Trabajo, Valeriano Gómez, se ha adelantado a puntualizar que la reforma aprobada el viernes es una respuesta a las especiales circunstancias que en este momento vive la economía española. Es por ello por lo que su duración es limitada -dos años- en lugar de definitiva.

No hay duda de que el exceso de contratos temporales es una de las grandes lacras del mercado laboral español. Un modelo de relación contractual cuyo éxito reside en las extraordinarias dificultades procesales y el insostenible coste que continúa teniendo en España despedir a un trabajador con contrato indefinido. Pese a ello, la coyuntura que atraviesa en este momento la economía española -con una tasa de paro que roza el 21%, y más del doble en los jóvenes, y un crecimiento económico bajo mínimos- hace necesario flexibilizar de forma urgente las relaciones laborales. Y aunque nadie duda de que un contrato fijo es preferible a un contrato temporal, tampoco puede discutirse que un contrato temporal es mejor que la ausencia de empleo.

La segunda modificación aprobada por el Gobierno ha sido la creación de un nuevo contrato de aprendizaje que, inspirándose en el llamado modelo alemán, alternará formación y empleo retributivo con coste cero en cotizaciones a la Seguridad Social para la gran mayoría de las empresas. El nuevo modelo, que estará dotado de iguales derechos y protección social que el resto de contratos, está dirigido a los jóvenes de entre 16 y 25 años, aunque de forma temporal -hasta el 31 de diciembre de 2013- se extenderá también hasta los 30 años. Con este nueva herramienta de relación laboral, Trabajo confía en superar los 100.000 contratos anuales y hacer frente a una tasa de paro juvenil que duplica la tasa general de desempleo y que supone una verdadera bomba de relojería no solo para la frágil economía española y las exangües arcas públicas, sino también para el bienestar y el equilibrio social de todo el país. El contrato formativo nace, además, con el objetivo de solucionar otro de los grandes problemas del mercado laboral en España: la inadecuación crónica que existe entre la formación teórica que reciben los jóvenes en el sistema educativo y la práctica que requieren las empresas.

Aunque las modificaciones aprobadas el viernes suponen un evidente balón de oxígeno dentro de la rígida legislación laboral española, no dejan de ser una solución de emergencia y tienen todos los defectos de estas. El mercado de trabajo precisa de una profunda y valiente reforma que dote a las relaciones entre empresa y trabajador de la flexibilidad necesaria para estimular la creación de empleo y de riqueza. Asignaturas pendientes como el diseño de un modelo de contrato fijo sin el coste y las dificultades de extinción que pesan sobre el actual; la ligazón de las políticas salariales a la productividad, tal y como viene reclamando reiteradamente Bruselas, y una mayor flexibilidad a la hora de abordar la negociación colectiva siguen siendo grandes prioridades que es necesario abordar. Para ello hace falta voluntad política, pero también sindical y empresarial. No en vano es una tarea a acometer en conjunto, de forma serena y responsable, y con la mirada puesta más allá de la crisis actual.