La salida de Jobs abre la caja de las incertidumbres

Apple se enfrenta a su destino

El futuro más inmediato está asegurado. El iPhone 5, el iPad 3 y la nube marcan el camino. Pero a partir de ahí se disparan las incertidumbres. ¿Se apagará la magia de Apple?

Steve Jobs, fundador de Apple, con su posible sucesor, Tim Cook
Steve Jobs, fundador de Apple, con su posible sucesor, Tim Cook

El adiós de Steve Jobs es mucho más que un movimiento corporativo, que un cambio de piezas de la cadena de sucesión. Es un choque emocional, una despedida que sabe a tristeza.

Los millones de seguidores incondicionales de los productos de Apple están hoy de luto. Pero hay otro grupo que también se tiñe de oscuro aunque sus motivos emocionales sean más cuestionables. Son los accionistas de la compañía de la manzana, que han vivido en una nube nada tecnológica, en las alturas provocadas por una revalorización sin fin de las acciones de la firma de Steve Jobs.

Y entre el luto empresarial y la pena se abren paso las dudas. El futuro más inmediato de Apple está garantizado. El iPhone 5 y el iPad 3 están a la vuelta de la esquina, y sólo sus evoluciones dan solvencia a corto plazo. La entrada en la nube (esta vez sí, la tecnológica) marca el camino a seguir y también (al fin) la exploración de un iPhone más barato para ampliar el público potencial y los países que se pueden subir al carro de la applemanía.

A partir de ahí se abre la incertidumbre. ¿Tendrá Tim Cook, el previsible sucesor, la varita mágica que ha permitido a Jobs encadenar éxito tras éxito?

La respuesta más probable es la más dura: no. Y no porque su currículo no sea impresionante o sus dotes se lo impidan, sino porque hay personas y liderazgos irrepetibles. Que se den dos de forma consecutiva en la misma compañía sería casi un milagro.

"¿Cómo va a triunfar un miniordenador que tiene que ser sujetado con las dos manos?", se preguntaba algún experto en la mañana siguiente a la presentación del iPad. La respuesta no se hizo esperar: triunfó hasta el punto de que todas las compañías tecnológicas han tenido que pasar por el aro y adaptar su estrategia al contraataque.

Puede que el iPad no fuera original, que los tablets estuvieran inventados desde hace años, que el último iPhone haya tenido un defecto de antena y que la calidad del sonido no sea la mejor (algo imperdonable para cualquier otro móvil), que haya MP3 más baratos que el iPod en el mercado y con las mismas prestaciones, que la nube fuera un lugar donde otras muchas compañías ya había llegado cuando Apple puso su vista en ella... Da igual, nadie conoce la receta. Puede que Jobs se hubiera equivocado antes y que Apple tenga algún cadáver tecnológico en el armario, pero ninguno que se recuerde en los últimos años.

Quienes seguro que respiran aliviadas son las competidoras de Apple, que cada día son más y en más sectores, cuya frustrante estrategia en los últimos años se ha centrado, fundamentalmente, en reaccionar a las ideas del líder..., y fracasar (en buena parte de las ocasiones), cuando no en el terreno comercial, en los tribunales.

Ahora, el futuro se ha hecho más democrático: la incertidumbre se reparte en todos los frentes.