TRIBUNA

Una respuesta insuficiente

El nuevo programa de ayuda a Grecia y la flexibilización del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF), acordados en la cumbre europea del pasado 21 de julio, no han podido evitar un verano pleno de incertidumbre en el que las expectativas se han deteriorado continuadamente. Como consecuencia, se ha experimentado una fuerte corrección de los activos de riesgo que probablemente está siendo exagerada porque los fundamentos macroeconómicos no apoyan una nueva recesión mundial. Pero el contagio de la crisis de deuda a economías como España, Italia, Bélgica e incluso Francia ha aumentado las dudas sobre la UEM y ha hecho que los mercados exijan medidas urgentes y concretas para solucionar los graves problemas planteados. Sin embargo, las respuestas de los Gobiernos son tardías y parciales tanto a nivel nacional como supranacional.

Las tensiones financieras de agosto han provocado la reacción de los bancos centrales, anunciando la ralentización de las subidas de tipos, en Europa, o retrasando el inicio del ciclo alcista hasta mediados de 2013, en Estados Unidos. Además, el Banco Central Europeo (BCE) ha adoptado medidas extraordinarias de liquidez y ha comprado bonos españoles e italianos en los mercados secundarios de deuda, a la espera de que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera sea operativo. De esta forma se ha conseguido frenar la fuerte caída de los precios de la deuda española e italiana consecuencia de la sobrerreacción de los mercados ante la aparición de cualquier noticia o dato negativo.

Pero resulta necesario adoptar medidas de política económica efectivas que reduzcan la incertidumbre y quiebren la formación de expectativas bajistas que domina actualmente los mercados financieros. Estados Unidos debe impulsar un plan de consolidación fiscal creíble para los mercados y Europa debe garantizar el estricto cumplimiento de los planes de consolidación fiscal en marcha o intensificar aquellos que sea preciso. Además, debe finalizar la flexibilización e incremento de tamaño del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, apostar decididamente por el eurobono, garantizar que el banco central satisfaga la demanda de liquidez y profundizar en las reformas estructurales.

En este ambiente, las medidas adoptadas por el Gobierno español en el Consejo de Ministros extraordinario del pasado viernes constituyen una respuesta insuficiente para la magnitud de los problemas planteados. La apuesta por la reducción del déficit público debe ser decidida y firme. Con frecuencia se plantea el debate entre la reducción del déficit o el crecimiento, como si fuera una relación de intercambio. Se olvida que durante las últimas décadas hemos aprendido que las consolidaciones fiscales, cuando se basan en la reducción del gasto improductivo, generan efectos positivos sobre la actividad, la inversión y el empleo no solo a medio plazo, sino incluso en el corto. Pero en todo caso, en una crisis de deuda soberana no cabe elección posible, el déficit debe reducirse cuanto antes mejor.

Las medidas aprobadas el pasado viernes, la generalización de la prescripción del principio activo en las prestaciones farmacéuticas y el adelantamiento de los ingresos por el impuesto de sociedades, pueden reducir el déficit público en 2011 en aproximadamente tres décimas del PIB. La rebaja transitoria del IVA para la adquisición de vivienda no tendrá efectos significativos sobre la demanda ni sobre los ingresos fiscales. Pero las medidas sobre Sociedades tienen efectos financieros extremadamente negativos para las empresas en la situación actual, de muy difícil y caro acceso a la financiación. No sólo aumentan los pagos fraccionados, del 21% al 24%, para empresas con cifras de negocios entre 20 y 60 millones de euros, y al 27%, si superan los 60 millones, sino que limitan la compensación de bases imponibles negativas hasta 2014, al 75%, entre 20 y 60 millones, o al 50% si supera los 60 millones. Y se limita también la deducción del fondo de comercio financiero desde el 5% actual al 1% hasta 2014. Con estas medidas, el Gobierno prima su financiación a corto a costa de incrementar los costes financieros de las empresas, dañando su competitividad e incluso poniendo a algunas en serias dificultades.

Puede que de esta forma se cumpla el objetivo de déficit establecido en 2011. Es posible que el Estado pueda ahora compensar las desviaciones esperadas en las comunidades autónomas y en la Seguridad Social. Pero también es posible que cuando se conozca, dentro de unos días, la ejecución presupuestaria del segundo trimestre de las comunidades autónomas se vuelvan a suscitar dudas sobre el cumplimiento del objetivo de déficit público, lo que podría volver a tensionar los mercados de deuda. Es mal momento para jugar con los decimales y para políticas de mínimos.

David Taguas. Presidente de Seopan