TRIBUNA

Profesionales libres sí, pero acreditados

Somos europeos… o más bien llevamos un cuarto de siglo aprendiendo a serlo. Se han logrado avances enormes en la cooperación de los países miembros, desde la supresión de fronteras hasta el establecimiento de una moneda única. El próximo hito será mejorar la movilidad de los profesionales, especialmente los dedicados al mundo de los servicios, para caminar hacia una Europa más global e igualitaria: servicios de calidad al alcance de todos los europeos.

La Directiva Europea de Servicios dio un primer paso en este sentido, apostando por menos trámites y una atención más directa a los usuarios. En el Colegio de Aparejadores de Madrid aplaudimos estos cambios y nos adelantamos a la norma creando un servicio de atención al ciudadano, una ventanilla única y un servicio de atención telemática. El futuro de los servicios pasa por hacerlos más transparentes y sencillos, con una relación de tú a tú con el ciudadano.

Los servicios profesionales representan casi el 10% del PIB español y hasta el 30% del empleo universitario. Más concretamente, el peso del sector de la construcción en la economía española hace necesario asumir reformas estructurales para adecuarnos al entorno europeo, pero siempre teniendo en cuenta nuestras particularidades. En España, facilitar el ejercicio de los servicios beneficiará especialmente a los jóvenes, pero también a los propios profesionales, que ampliarán su mercado y podrán reorientar más fácilmente su actividad. Necesitamos ser más competitivos a nivel internacional y abrir mercado a nuestros técnicos.

No obstante, la transposición española de la norma internacional (la Ley âmnibus) aborda esta tendencia con un planteamiento desenfocado, ya que comienza a dejar descuidado un concepto que desde el Colegio hemos considerado siempre una prioridad máxima: la seguridad. Esta normativa eliminó la obligatoriedad de visar la mayoría de las obras; un sistema que hasta ahora funcionaba para controlar y registrar cada actuación. En ausencia de visado, el ciudadano pierde su baza para reclamar, e incluso, sin ser consciente de ello, se hace responsable por problemas en la obra o incumplimiento de la normativa.

Ahora, el reciente anteproyecto de Ley de Servicios Profesionales va más allá y prevé la coexistencia de colegios obligatorios y voluntarios, lo que dibuja un panorama difuso para el sector, abre las puertas al intrusismo profesional y a la inseguridad ciudadana. Todo indica que las reservas de actividad no se mantendrán en el ámbito de la construcción. Por desgracia, se vuelve a dejar de lado la seguridad bajo el pretexto de liberalizar el ejercicio de la profesión. La liberalización puede ayudar a dinamizar la construcción, pero este modelo haría más necesario el sistema colegial para comprobar el cumplimiento de la legalidad vigente, preservar la seguridad ciudadana y proteger al usuario de posibles fraudes. Si el objetivo es establecer mayor transparencia entre el profesional y el ciudadano, será necesario un organismo que resuelva la asimetría de conocimientos técnicos. Al contrario, La Ley proyectada abre una brecha entre el técnico y el ciudadano y genera un vacío legal que deberán cubrir los colegios profesionales como garantes de calidad, seguridad y control de ejecución de las obras.

La labor de estos debería salir reforzada como fuente de consulta para técnicos y ciudadanos, así como para mantener vivo un registro de profesionales titulados cuya obligatoriedad sí aparece contemplada en la nueva Ley. De hecho, en el Colegio de Aparejadores de Madrid siempre hemos empleado nuestro registro de colegiados y especializaciones, siendo punto de encuentro entre profesionales cualificados que demandan empleo y promotores o ciudadanos que buscan técnicos específicos. Desde la Corporación estamos preparados para asumir este nuevo protagonismo y ya hemos impulsado importantes cambios para seguir resultando útiles a la sociedad. Por ejemplo, pronto cumplirá un año nuestro Certificado de Control Profesional; un sello que ofrece un valor añadido al anterior visado obligatorio, ofreciendo cobertura jurídica y ahorrando posibles problemas a ciudadanos y profesionales. Sí, nos sumamos a un cambio de modelo que nos ayude a recuperar la senda del crecimiento; sí, nos sumamos a hacer más libre el ejercicio de la construcción; sí, nos sumamos a fomentar la movilidad europea; pero si la pregunta es si estamos dispuestos a sacrificar la calidad o la seguridad en la construcción, la respuesta es un no rotundo.

Si hoy Europa fuera un edificio, habríamos dado un gran salto cualitativo del barro al ladrillo, aunque todavía nos quedaría tiempo hasta construir rascacielos. Sigamos construyendo Europa sin olvidar quiénes somos y cuáles son los pilares básicos de nuestra estructura.

Jesús Paños Arroyo. Presidente del Colegio de Aparejadores de Madrid