COLUMNA

Adiós, Bahréin

Las consecuencias de la turbulenta primavera de Bahréin se hacen notar. Primero se canceló el Gran Premio de Fórmula 1, ahora Crédit Agricole ha decidido cambiar su sede regional a Dubái. La decisión de la entidad financiera francesa supone un golpe para el que fuera una vez centro financiero regional del rico en petróleo Golfo. Pero las protestas chiítas a principios de año, y las posteriores duras medidas de la minoría suní dominante en Bahréin -con la ayuda de tropas de sus vecinos árabes-, es la única razón por la que las instituciones financieras están diciendo adiós a Bahréin.

Los bancos internacionales se están apresurando en reducir los costes a medida que los ingresos caen y los riesgos aumentan. Eso hace difícil que mantengan su política anterior de tener varias bases en Oriente Medio -una región que todavía genera ingresos relativamente bajos-. La inestabilidad política, junto con una creciente presencia en Dubái, ha hecho que la decisión de Crédit Agricole sea más fácil. Además, la participación del 31% en el próspero Banque Saudi Fransi significa que no tiene que preocuparse demasiado por la pérdida de oportunidades en Arabia Saudí, vecino influyente de Bahréin y peso pesado en las finanzas regionales.

Para Bahréin, la pérdida de los 60 trabajos o menos de Crédit Agricole es mayormente simbólica. Aunque el sector financiero supone un 25% del PIB del Estado isleño y proporciona mucho empleo para los nativos, lo que incluye los fondos de inversión y negocios islámicos que son menos propensos a huir. Y Bahréin puede contar con obtener el apoyo financiero que necesita de Arabia Saudí.

Una salida de BNP Paribas sería políticamente más sensible, porque el banco afirma tener 320 empleados en Bahréin, muchos de los cuales son locales. Sin embargo, BNP Paribas no dudó en trasladar al personal a Dubái como medida temporal cuando las cosas se pusieron difíciles a principios de año, y no está claro si el banco ha vuelto a los niveles de personal de antes de las tensiones sociales. La agitación política podría dar la excusa necesaria para que sigan otros.

Por Una Galani