A fondo

Calles limpias sí, pero no vacías

Los recientes disturbios callejeros que han azotado a Lloret no han precipitado ninguna decisión en el consistorio. Hace tiempo que planea la idea de dar un salto de calidad desde el punto de vista turístico en el enclave de la Costa Brava.

El hastío de los vecinos, cansados de tantos destrozos y de ver ofertas del tipo "10 litros de cocktail por 40 euros", son comprensibles. Como también lo son los intereses de las cadenas hoteleras, cuya lógica aspiración es conseguir estancias más prolongadas y de mayor retorno. En ese cuadrante se sitúa el llamado turismo familiar. Una fórmula que por ahora no ha conseguido arrancar del todo en Lloret, dado que para una pareja con niños pequeños no es deseable dar un paseo nocturno y encontrarse con manadas de jóvenes en estado de embriaguez.

En cualquier caso, el cambio de modelo no es tan sencillo. Limitar la oferta de ocio nocturno, que hoy por hoy es el principal reclamo turístico de la localidad, redundará en la pérdida de llegadas. Algo que se notaría y mucho en la localidad gerundense, donde la rotación del turismo es relativamente alta. Así, la estancia media ronda los cinco días, mayor que las dos jornadas de promedio en Madrid o Barcelona, pero menor que la de otros destinos vacacionales de playa como Fuerteventura (ocho días) o la mallorquina Calvià (siete días).

Si se opta por acabar de raíz con el "turismo de borrachera", los empresarios deben ir preparándose para afrontar malos tiempos (independientemente de que a la larga el cambio de modelo pueda resultar positivo). El difícil reto de Lloret es encontrar fórmulas intermedias, de manera que el turismo juvenil no se riña con el desarrollo de los segmentos familiar y deportivo. Ni acabe con la paciencia de los vecinos.