Viajes

Arte y compras a orillas del Mosa

Maastricht cuenta con una reseñable oferta de tiendas de diseño y de antigüedades.

Una vez al año, en torno a la primavera, Maastricht se convierte en la capital mundial del arte. Durante esos días los hoteles elevan sus precios sin que por ello quede alguna habitación sin ocupar. Las tiendas de primera y de segunda mano hacen su agosto y las calles bullen de vehículos de gama alta que recorren el trayecto entre la Feria de Arte (Tefaf) y la ciudad un par de veces al día. Los restaurantes preparan menús especiales para la semana que dura la feria. Las instituciones culturales reservan para estas fechas sus mejores exposiciones y las galerías de arte sacan las mejores obras de sus artistas. El arte toma la ciudad.

Pero… ¿y el resto del año? ¿Merece la pena darse una vuelta por Maastricht? Siendo una de las capitales holandesas menos populosas, Maastricht destaca sin embargo por conservar cierta riqueza patrimonial, combinada con edificios y soluciones urbanísticas muy vanguardistas. La iglesia de San Nicolás representa un buen ejemplo de los primeros; el museo Bonnefanten, uno de los segundos.

La basílica de San Servando contiene algunos tesoros, a pesar de que la primera sensación es que sus gestores han esperado demasiado para acometer una restauración de todo el conjunto. El panorama es casi más agradable por dentro que por fuera. Desde la bulliciosa Vrijthof, en la que se acumulan los bares con terraza y los aparcamientos de bicicletas, la vista del junto formado por la basílica, la torre roja de la iglesia de San Pedro, la antigua casa del Gobierno de España y el ayuntamiento es encantadora.

La combinación entre tradición y modernidad que tantos réditos está trayendo al mundo de la arquitectura se pone de manifiesto en el aprovechamiento de las iglesias realizado en esta ciudad. En un país de pragmáticos, la reducción del número de fieles ha llevado a que las iglesias, ubicadas habitualmente en edificios de calidad indiscutible, sean aprovechadas con otros fines. Un claro ejemplo es la librería perteneciente a la cadena Selexyz ubicada en una iglesia construida por los dominicos en 1294 y bautizada como Selexyz Dominicanen. El segundo ejemplo es el hotel Kruisheren. Ninguna de las habitaciones está ubicada en la iglesia -entraría en juego la superstición del cliente-, pero sí las zonas comunes del hotel, es decir, el lobby, una cafetería, un restaurante y una impresionante bodega. Todo ello bajo la cúpula, las vidrieras y los frescos de una iglesia gótica del siglo XV.

Maastricht es una ciudad para el paseo y conviene recorrer las antiguas murallas a orillas del Mosa, el río que parte en dos la ciudad. Bajo tierra, Maastricht también atesora algunas sorpresas. Las cuevas de San Pedro forman un laberinto de 20.000 túneles cuyo fin era la extracción de marga. Posteriormente, se utilizaron como refugio en las contiendas militares que afectaron a la ciudad. En ella también puede encontrarse el vault, una especie de fortificación subterránea en la que se escondió gran parte del patrimonio artístico de Maastricht durante laSegunda Guerra Mundial. El ansia nazi por acumular obras de arte todavía no ha llegado a comprenderse del todo, pero los habitantes de la urbe supieron percibirlo como una amenaza.

No son estos sus únicos atractivos. Desde el punto de vista gastronómico sorprende el hecho de que es la ciudad holandesa que más estrellas Michelin atesora (siete en total) y, en el ámbito de las compras, es conocida por una amplia gama de tiendas originales, entre las que destacan las de antigüedades y objetos de segunda mano. En cuanto a su vida nocturna, Maastricht es también una importante ciudad estudiantil, por lo que entre semana puede encontrarse cierta animación en sus calles y pubs, donde corre mayoritariamente la cerveza belga.

Guía para el viajero

Cómo ir

Desde España existen pocas conexiones con el aeropuerto de Maastricht, solo Reus la mantiene actualmente. Los turistas pueden acceder a la ciudad por tren desde Ámsterdam, Düsseldorf o Charleroi.

Dónde dormir

El hotel Kruisheren (www.chateauhotels.nl), perteneciente a la cadena Chateau Hotels es un alojamiento excelente.

Dçpmde comer

El Beluga (+31 43 321 33 64), regentado por el chef Hans van Wolde, cuenta con dos estrellas Michelin.