COLUMNA

Portarse cruelmente para ser amable

El BCE está haciendo oídos sordos a la sugerencia del ministro italiano de Finanzas para que compre bonos del país. En un desaire más, el banco central ha reanudado su programa de compra de bonos, pero solo para Irlanda y Portugal. La rígida postura de Trichet es la correcta: Italia debe demostrar que está preparada para las reformas.

Cuando el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, habla, la zona euro escucha. Salvo en Roma, donde el ministro de Finanzas, Giulio Tremonti, realizó una rueda de prensa al mismo tiempo que Trichet, para reprender al BCE por no comprar deuda italiana. Tremonti dijo que era difícil convencer a los inversores asiáticos para comprar deuda cuando el propio banco central no lo hace. La afirmación de Trichet, puede leerse como una respuesta. El BCE comenzó a comprar bonos, pero solo irlandeses y portugueses.

Tremonti no será el único decepcionado. Los operadores de bonos estuvieron persiguiendo los rendimientos italianos todo el día, ansiosos por disfrutar de un regalo del banco central. Pero el BCE no está tocando el arpa mientras Roma arde. También ha respondido a las crecientes tensiones en los mercados con la creación de facilidades a seis meses, de liquidez ilimitada, y extendiendo al menos hasta finales de año sus actuales medidas "no convencionales". Eso debería ayudar a evitar un colapso y mantener el flujo del crédito a los bancos con más problemas.

La reticencia del BCE a comprar deuda italiana no es una mala noticia. El país necesita implementar y profundizar en las reformas más deprisa para convencer a los mercados que puede gestionar la carga de su deuda.

Silvio Berlusconi echó demasiado rápido la culpa a los mercados internacionales de los problemas internos cuando se dirigió a la nación el pasado 3 de agosto. Así que parece que el Gobierno aún no está plantando cara al problema. Unas pocas semanas más con altos rendimientos de los bonos públicos podría ayudar a impulsar su determinación.

Por Neil Unmack