COLUMNA

¡Forza Italia! para los inversores

El arma secreta italiana se está volviendo crítica. Una de las razones por las que el país ha sostenido su pesada carga es que sus bancos, compañías de seguros e inversores minoristas han comprado grandes cantidades de bonos soberanos. Con los altos rendimientos a 14 años y los acreedores internacionales corriendo a cubierto, los locales tendrán que echar una mano. Pero no pueden hacerlo eternamente.

Los bancos italianos no se enfrentan a las mismas presiones que arrastraron a países como Irlanda. La mayor parte ha aumentado capital adicional y refinanciado la mayor parte de sus pasivos debido al vencimiento este año. Los fondos estadounidenses a corto plazo tienen tan solo un 0,8% de sus activos en bancos italianos, comparado con el 15% de Francia, según Fitch. Los bancos italianos no son muy dependientes del BCE tampoco: han tomado prestado el equivalente al 1% de sus activos, comparado con el 15% de las entidades irlandesas.

Morgan Stanley calcula que las entidades de crédito italianas podrían comprar otros 36.000 millones de euros de bonos soberanos antes de alcanzar su promedio histórico de alrededor del 7% de los activos. Sin embargo, la crisis tiene costes elevados. Los bancos necesitan obtener 150.000 millones de deuda para 2014, según Morgan Stanley. Mayores rendimientos en los bonos aumentarán los costes de financiación, cuando los depósitos están bajo presión ya que los italianos ahorran menos. Eso presionará la rentabilidad y estimulará a las entidades a efectuar un desapalancamiento, socavando aún más el ya anémico crecimiento italiano. Además, comprar más bonos públicos aumentará las preocupaciones de los mercados sobre la exposición soberana. Una mayor dependencia en el BCE tampoco tranquilizará a los acreedores.

Si los parlamentos de la zona euro aprueban los cambios en el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, se podría comenzar a comprar bonos italianos en septiembre. Eso ayudaría a revertir el círculo vicioso actual. El BCE también podría tomar cartas en el asunto. Pero todo eso no será suficientes si los inversores tienen temores fundados sobre la solvencia italiana. La mayor esperanza de los bancos es que las amenazas de los mercados consigan que los legisladores tomen medidas radicales para reformar la economía -cuanto antes, mejor-.

Por Neil Unmack