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Tribuna
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Paradoja de las demoras

Dicen los norteamericanos que todo problema tiene una solución, alcanzable en un tiempo finito. La cultura china advierte de que la solución a un problema puede generar una serie de efectos perniciosos no buscados y por tanto hay que ser cauto al aplicar dichas soluciones. El último año y medio, la gestión que Aena ha hecho de la navegación aérea cumple el pronóstico chino, con el pernicioso efecto de haber incrementado las demoras en el tráfico aéreo español, colocándonos en los primeros lugares del ranking de demoras en Europa.

Después de diversas medidas que se han revelado inútiles, sigue sin solucionarse la raíz del problema de las demoras, la escasez de controladores. Pero además se ha agravado la situación de manera paradójica al intentar solucionarla. Dada la escasez de personal, los gestores de Aena, versados en hojas de cálculo y números para reducir costes, han ideado un cambio de jornada destinado a contar con más profesionales en los servicios de mañana y tarde, reduciendo el del turno de noche. Y se ha llevado a cabo sin medir las consecuencias con el resultado de que se han incrementado las demoras, la carga de trabajo de tripulaciones y controladores, el gasto de combustible y las molestias para los pasajeros.

El cambio realizado consiste en alargar el turno de mañana y el de tarde, reduciendo el número de horas de trabajo nocturno y el número de controladores que entran en dicho servicio. Cuando antes del 1 de julio entraban, por ejemplo, en la aproximación de Barajas 14 personas en el turno de noche, a las 22.00 permitía que se mantuvieran abiertos siete sectores o posiciones de trabajo, cada una con su controlador y su ayudante, mientras el número de aviones exigía ese número de trabajadores. Desde el 1 de julio entran a trabajar, a las 10.30, ocho controladores como máximo, algunos días incluso menos, lo que solo permite cuatro posiciones de control. Esto obliga a que desde las 20.00 de la tarde se tengan que poner regulaciones de tráfico desde Bruselas, sede de la oficina europea de Flow Control, para limitar el número de aviones que llegan a Madrid a partir de las 22.30. Demoras. Cuatro sectores de control no pueden manejar el mismo volumen de aviones que siete posiciones. Esto se repite a las 7.00 de la mañana y se repite también en los sectores de ruta, de sobrevuelo de la Península.

La noche ha sido tradicionalmente el momento en que las compañías ponían a cero el retraso acumulado. Al haber menos tráfico aéreo, no había regulaciones y los aviones podían salir sin limitaciones. Ahora se da la paradoja de que durante la noche hay regulaciones también, caso único en el cielo europeo.

Cuando a un embudo le agrandas el diámetro de la boca y le estrechas la salida, rebosa. Los gestores de Aena siguen tomando decisiones sin contar con los profesionales y sin medir las consecuencias.

Daniel Zamit. Controlador aéreo

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