COLUMNA

Haciendo las cuentas en Italia

La presión sobre la deuda italiana deja poco espacio para respirar. Roma puede absorber cómodamente el incremento de los costes de endeudamiento, como se ha visto en la última subasta de bonos -siempre y cuando el crecimiento y el plan de austeridad vayan por buen camino-. Pero un resbalón en cualquiera de las dos partes podría suponer una espiral de deuda.

El país se las arregló para vender 4.970 millones de euros de deuda -un poco menos de su objetivo-, pero ha tenido que pagar el interés más alto de los últimos tres años. El rendimiento de los bonos a 10 años aumentó un punto porcentual desde comienzos de junio. Afortunadamente, la deuda italiana tiene un vencimiento medio de siete años por lo que el efecto total de ese aumento no se hará notar de inmediato. Pero, al final, el tiempo podría atrapar a Roma. Al nivel actual del 5,3% a siete años, Italia necesitaría ejecutar un balance fiscal primario del 3,1% solo para mantener su deuda estable. Eso son 40 puntos básicos por encima de la media histórica y el 2,2% más de lo previsto para este año.

No es una proeza imposible. En la década de los noventa, el país logró altos superávits para obtener su derecho a entrar en la moneda única, y su máximo histórico es del 5,5%, según el Fondo Monetario Internacional. El Tesoro espera lograr un superávit del 5,2% en 2014, y al mismo tiempo impulsar el crecimiento al 1,6%, por encima de la media a largo plazo del 1,2%, según Barclays Capital. Si Italia lo consigue, disminuirá su deuda al 112% del PIB en 2014 y equilibrará su balance, incluso tras experimentar una subida gradual de los tipos.

Pero los inversores no le darán necesariamente el beneficio de la duda a Roma. Los objetivos de crecimiento del 1,5 y del 1,6% para 2013 y 2014, respectivamente, parecen ambiguos dado el plan de austeridad y el bajo crecimiento de la productividad crónico de Italia. Cualquier subida adicional de los tipos de interés podría añadir más leña al fuego a través de los bancos y de las empresas, perjudicando la economía. Imagine que los costes de endeudamiento alcanzan el 7%. Italia, entonces, tendría que lograr un superávit primario constante del 5,2% solo para mantener su deuda estable a largo plazo. En ese momento, incluso los italianos acostumbrados a una fiscalidad austera tendrán dificultades.