COLUMNA

Salvar una sanidad enferma

Nuestra sanidad se adentra en el piélago del riesgo. Lo que hasta ahora había funcionado razonablemente bien, presenta síntomas de agotamiento y deterioro. Hay que ahorrar, y no sabemos cómo. Vivimos tiempos delicados y muchas cosas ya no volverán a ser como fueron. La crisis nos muestra el espejo de nuestras propias limitaciones. Ingresamos menos de lo que gastamos y tanto los mercados como las instituciones internacionales se muestran remisos a financiar nuestros déficits crónicos. Tocan recortes y el sistema institucional al completo se resiente.

Tenemos que acometer un debate, profundo y sin demoras, sobre qué servicios públicos esenciales queremos mantener y poner las bases para conseguirlo. Si no lo hacemos, pueden desmoronarse con estrépito. Cinco son los pilares fundamentales de nuestro gasto. Pensiones, sanidad, educación, desempleo y servicio de la deuda. Y de ellos deberíamos poner especial atención en la sanidad, porque está en la antesala de sufrir un colapso si no tomamos, entre todos, las decisiones adecuadas. La crisis, evidenciada ya en Cataluña, pronto se extenderá por el resto de España. Los partidos toman nota, al menos en teoría, del riesgo cierto que sufrimos. El flamante candidato Rubalcaba manifestó su compromiso con la sanidad en su discurso programático, mientras que Rajoy encargaba a la FAES, con Aznar a la cabeza, un riguroso estudio sobre su situación real y alternativas de futuro que garanticen una prestación adecuada y sostenible.

Hemos cometido grandes errores en el pasado, de los que debemos aprender y corregir, pero también debemos valorar las cosas que hemos hecho bien. Y, entre ellas, brilla con luz propia el Sistema Nacional de Salud, ampliamente reconocido como uno de los mejores del mundo. Las apreturas económicas, las limitaciones presupuestarias, las crecientes demandas de una población que envejece, entre otros factores, empujan a nuestro sistema sanitario hacia una crisis de incierto desenlace en el caso de que no adoptáramos compromisos y decisiones acertadas. El mañana será lo que hoy decidamos. Es por tanto necesario generar un debate ciudadano, social y político sobre la situación en la que se encuentra el sistema de salud, su soporte financiero y las oportunas mejoras que pudiéramos inducirle. Debemos ser conscientes del peligro y de los riesgos en los que incurriríamos si dejáramos que el sistema llegara a colapsarse por pura inercia de indecisión o improvisación.

No podemos permitirnos la abstención de nuestra actual responsabilidad. Si la única fórmula que arbitran los poderes públicos es el de la restricción presupuestaria, muy pronto tendremos que reducir la calidad de la cobertura sanitaria de forma generalizada y dolorosa. ¿Es inteligente llegar a ese límite? ¿Realmente no tenemos otra alternativa más que la resignación y la melancolía? Pensamos que cometeríamos un gravísimo error si permitimos la decadencia de un buen sistema que, con reformas y mejoras, puede continuar generando un alto bienestar social por un tiempo prolongado, con el enorme beneficio colectivo que ello supondría. Creemos que podemos arbitrar soluciones para mantener una salud de alta calidad y para ello será fundamental el concurso de políticos y expertos.

Son posibles varios frentes de trabajo. Entre ellas, la optimización de recursos y medios, nueva arquitectura estructural, el funcionamiento coordinado autonomías/Estado, la búsqueda de nuevas fuentes financieras, como copago o nuevos impuestos, y otras muchas medidas que circulan por los foros expertos. Pero, además de todas ellas, debemos de ser conscientes de que hará falta dedicar importantes recursos públicos al sistema. Se trata de una simple cuestión de prioridades.

La sanidad pública no puede continuar sosteniéndose mediante recortes sistemáticos, bajadas de la calidad del servicio, limitación de las prestaciones y retraso de pagos a los proveedores, como demuestra la ingente deuda de 15.000 millones que mantiene vivo el sistema. La elasticidad de profesionales, proveedores y sistemas está en su límite, y no podremos estirar ya mucho más sin que se produzca una ruptura de graves consecuencias.

Una vez finalizadas las elecciones municipales, encaramos la recta de unas elecciones generales. En esta próxima legislatura se tendrán que tomar importantes decisiones para que el sistema no se colapse. Los partidos políticos deben incluir en su programa qué sanidad quieren para los españoles, y cómo piensan sostenerla y mejorarla. Para mantener una sanidad pública de calidad serán necesarios grandes acuerdos de Estado. ¿Por qué no conseguir con la sanidad consensos similares a los que en su día se alcanzaron con las pensiones?

Manuel Pimentel