Muy confidencial

Caruana es el hombre de Rajoy

En el Partido Popular conjugan a partes iguales la euforia por unos resultados electorales anticipados en las encuestas que les devolverían al Gobierno, la puesta a punto de la maquinaria electoral por si las elecciones fuesen en septiembre-octubre y el temor a tener que lidiar con una situación económica más delicada de lo que lo es hoy.

Mientras el sanedrín electoral del partido prepara minuciosamente la campaña, que no será muy diferente de la desplegada en las autonómicas y municipales, Mariano Rajoy dedica cada vez más tiempo a poner en orden las primeras medidas económicas y políticas, esas que en los primeros días acongojan a la población pero devuelven la fe a los mercados en las posibilidades de España. Y dedica también un tiempo importante a cuadrar el núcleo duro de su Gobierno, esas personas en las que tiene que pivotar toda la acción política, y en el que el conductor de la política económica es determinante.

Si en los ocho años de José María Aznar fue Rodrigo Rato quien, bien rodeado, gestionó la fulgurante recuperación de la economía española, ahora Rajoy necesita un hombre de talla similar, porque la papeleta que tiene por delante es mucho más complicada que la que resolvió Rodrigo Rato. Por tanto, la vicepresidencia económica, que bien podría ser la primera en el escalafón por la trascendencia de la materia que gestiona, tiene que estar en manos que una persona con el suficiente predicamento como para transmitir a la población el sufrimiento que debe alumbrar después la recuperación, así como con la credibilidad internacional necesaria como para devolver la confianza a los mercados financieros y la buena imagen de España para atraer de nuevo flujos importantes de inversión.

Tampoco hay tantos nombres para ello. Se han barajado las posibilidades de algunos empresarios o gestores empresariales, como Francisco González (BBVA) o Manuel Pizarro (quien resultó tener razón en su diagnóstico crítico de la economía en el debate que perdió en 2008 con Pedro Solbes), o Pablo Isla (Inditex), que tiene un crédito internacional creciente y ya desarrolló cargos públicos con el PP.

Se han barajado también las posibilidades del consejero español en el Banco Central Europeo, José Manuel González Páramo, catedrático de Hacienda Pública y perfil adecuado para meter en vereda las cuentas públicas, o el propio Luis De Guindos, hoy en el Instituto de Empresa, pero que ya fue coordinador general de la política económica con Rato.

Nunca estará descartado un hombre como Cristóbal Montoro, ex ministro de Hacienda, uno de los hombres con más convicción liberal del Partido Popular, y que hizo una gestión muy aseada en los ocho años que el PP estuvo en el Gobierno. Tiene más predicamento hacia dentro que prestigio hacia fuera, pero siempre da más de si de lo que muestra.

Pero la apuesta más firme de cuantas se manejan es la de Jaime Caruana. Ex gobernador del Banco de España, ex director general del Tesoro, y hoy director general del Banco Internacional de Pagos, es quien ha diseñado los nuevos criterios de solvencia de la banca y las aseguradoras para todo el mundo, y goza de un creciente prestigio en los círculos financieros internacionales, los mismos que deciden a quien financian y a quien no cada día. Aunque tiene escasísima vinculación con el Partido Popular, sí acapara el crédito y la opinión favorable de casi todos los sectores económicos y corrientes del partido.

Para el segundo nivel de la gestión económica, los ministros que dependan del vicepresidente y sus secretarios de Estado tiene cantera suficiente en el partido y la administración, además de la universidad y diferentes think thans. Pero es harina de otro costal.