A fondo

Los retos de Lagarde en el FMI

Ya es firme. La francesa Christine Lagarde es desde ayer directora gerente del Fondo Monetario Internacional para los próximos cinco años, cargo que asume una mujer por primera vez en la historia. La exministra de Finanzas de Nicolas Sarkozy tiene ante sí innumerables retos para sacar adelante una institución creada hace 60 años, después de la II Guerra Mundial, y que se ha quedado obsoleta. El primero, que no el principal aunque sí el más urgente, es restablecer la honestidad de un cargo en entredicho tras los problemas judiciales de su antecesor, Dominique Strauss-Kahn, acusado de intento de violación de una camarera. La institución, consciente de ello, emitió ayer un claro comunicado en el que advierte que, según el contrato que acaba de firmar, se espera de Lagarde "los más altos estándares de conducta ética", con "integridad, imparcialidad y discreción", y evitar cualquier "apariencia de conducta inapropiada". La exigencia de unos estándares de ética más exigentes irá acompañada de una subida de sueldo. La directora cobrará 467.940 dólares (323.000 euros) al año más dietas, un 11% más que Strauss-Kahn.

Pero el compromiso de "conducta apropiada" es solo uno de una larga lista de deberes pendientes. Entre ellos se encuentra el de dar una mayor presencia en el Fondo a los países emergentes, infravalorados en la toma de decisiones y la dirección del organismo. Tanto Rodrigo Rato como Dominique Strauss-Kahn, los antecesores inmediatos de Lagarde, se marcaron precisamente como objetivo elevar las cuotas de estos países, sobre todo Brasil, México e India. Las reformas emprendidas van por ese camino pero la realidad, mucho más cambiante, exige que se profundice en ese camino. La vieja fórmula no escrita de un europeo para el FMI y un norteamericano para el Banco Mundial tiene sus días contados. Quizá el reparto de cargos en el segundo escalafón (la subdirección) sirva para compensar en parte este déficit, algo que será insuficiente para el próximo director, en 2016.

Pero las reformas no deben circunscribirse a los cargos, como ya ha reconocido el G-7, la UE y EE UU. El FMI tiene pendiente una renovación profunda de su labor como institución multilateral. En dos frentes, por un lado, el fortalecimiento de su papel previsor para anticipar las crisis antes de que se produzcan y gestionar su desarrollo, algo en el que ha fracaso en los últimos años.

La francesa, en el cargo desde ayer, cobrará 323.000 euros más dietas, el 11% más que Strauss-Kahn

Por otro lado, queda pendiente una mayor coordinación con los bancos centrales para reforzar la vigilancia del sector financiero, origen de la última recesión mundial. Por último, a Lagarde le queda el objetivo, no menos importante, de mantener una exquisita neutralidad con los problemas financieros de los socios comunitarios. Grecia, ahora en cuestión, debe ser tratado como cualquier otro país en dificultades. Cualquier acusación de favoritismo hacia la UE servirá para desprestigiar aún más una institución muy necesitada de reconocimiento global.