El 'lock out' de la liga de baloncesto de EEUU

Parón en la NBA: de las triquiñuelas de los propietarios a la inconsciencia de los jugadores

El pasado martes era presentado con los Milwaukee Bucks de la NBA un jugador recién llegado a través de un traspaso, el alero Stephen Jackson. En su declaración a la prensa, Jackson señaló que consideraba "imperativo" que se le prolongara su actual contrato, que aún se prolonga por dos años más y que le reportará casi 20 millones de dólares hasta 2013. Jackson ha ganado desde 2004 hasta hoy 66 millones de dólares.

David Stern, comisionado de la NBA
David Stern, comisionado de la NBA

El pasado martes era presentado con los Milwaukee Bucks de la NBA un jugador recién llegado a través de un traspaso, el alero Stephen Jackson. En su declaración a la prensa, Jackson señaló que consideraba "imperativo" que se le prolongara su actual contrato, que aún se prolonga por dos años más y que le reportará casi 20 millones de dólares hasta 2013. Jackson ha ganado desde 2004 hasta hoy 66 millones de dólares.

Sin embargo, la única vez en que ha sido portada en los principales medios fue cuando, en 2004, saltó con algunos compañeros a la grada para pelearse con el público en una histórica tangana. Jackson exige una ampliación de contrato con más de diez millones de dólares al año para cuando tenga 35 cumplidos, pese a que jamás ha sido el líder de un equipo ganador y sus estadísticas son de unos interesantes, que no brillantes, 16 puntos por partido. Y pide ese dineral al equipo de una ciudad del tamaño de Sevilla, que no ha estado entre los 15 mejores la pasada temporada y en el que la previsión es que sea el tercer jugador más importante.

Es el enésimo capítulo de un mundo tremendamente irreal para el aficionado al deporte europeo, donde se ha llegado a dar el caso de un jugador -Latrell Sprewell- que pasados los 35 años llegó a rechazar una oferta de 8 millones de dólares anuales aduciendo, literalmente, que tenía que dar de comer a sus hijos. Un entorno en el que jugadores de segundo nivel, en algunas ocasiones implicados en problemas de armas o drogas como el citado Jackson, ganan en ficha de sus clubes más que Lionel Messi. En el que el sueldo medio, de 5,8 millones de dólares, es superior al que ganan en Europa todos los futbolistas salvo una veintena de superestrellas. Esos ingresos desproporcionados son el argumento que aduce la patronal para haber optado, en el final del actual convenio colectivo el pasado 30 de junio, por el lockout, el cierre patronal.

Cara y cruz del límite salarial

El límite salarial es la bendición y la maldición del sistema deportivo estadounidense. Gracias a él, todos los equipos, desde los de ciudades grandes como Los Angeles o Nueva York a los de localidades de poco más de un millón de habitantes como Memphis o Salt Lake City, tienen el mismo dinero para gastar en jugadores. Eso hace posible que San Antonio, con una de las bases de aficionados más modestas de la NBA, haya sido uno de los equipos más laureados de la última década: puede gastar en jugadores el mismo dinero que los Lakers o los Celtics.

A cambio, eso supone también que, para tener un equipo competitivo, los clubes de ciudades pequeñas deben, en la práctica, que gastar ese dinero, aunque no lo tengan, tanto para tener un equipo competitivo como para que los dueños de los clubes no tengan mala imagen como tacaños en su ciudad. Como consecuencia, 22 de los 30 equipos de la NBA han dado pérdidas el pasado año. Cuando se ha llegado al extremo de que un equipo, los New Orleans Hornets, ha tenido que ser adquirido por la propia empresa NBA para evitar su quiebra.

Argumentos de los jugadores

Los jugadores tienen argumentos sólidos también a su favor. Al fin y al cabo, ellos son los que sostienen el espectáculo. Según informan los medios americanos, han ofrecido un recorte sustancial: del actual 57% de los ingresos al 54%. La patronal, por su parte, se ha quedado en el 45%. Por otro lado, el sindicato de jugadores señala que esas pérdidas de los 22 equipos son debidas a un empleo creativo de la contabilidad; según Rodney Fort, economista de la Universidad de Michigan que les asesora, algunas franquicias han incluido como pérdidas la depreciación del valor en el mercado de la plantilla cuando pierden bastantes partidos, mientras que en las ganadoras en ningún caso contabilizan como beneficios las posibles "repreciaciones" de los jugadores exitosos.

Además, insisten en que el reparto de los derechos televisivos es injusto, ya que los equipos con más audiencia, como los Lakers, ingresan doce veces más que algunos de sus competidores por ese capítulo.

En cualquier caso, aquí está el cierre patronal, una figura desconocida en Europa. Que supone el cese absoluto de las actividades de los clubes, no sólo para los jugadores, sino también para los técnicos, empleados, cuidadores de instalaciones etcétera.

Ni palomitas, ni sueldos

Los jugadores ni siquiera pueden entrenarse en dependencias de sus equipos. No pueden ni negociarse las concesiones de las palomitas. Se han retirado todas las fotos de jugadores activos de la web de la NBA. Ni siquiera se abonan los sueldos: según la visión estadounidense, para incentivar así a los trabajadores a que se sienten a negociar.

A partir de este hecho, que ya se produjo en 1998 y retrasó el comienzo de la competición hasta enero, se han leído algunas especulaciones un tanto fantasiosas. No ocurrió entonces, ni va a pasar ahora, que las grandes estrellas del baloncesto estadounidense desembarquen en el europeo; entre otras cosas, porque no andan precisamente tampoco boyantes las cosas para ese deporte por aquí, con los dos grandes clubes griegos que animaron el mercado en los últimos años, Olympiakos y Panathinaikos, en venta y sin compradores. Sólo los equipos turcos y rusos parecen tener este año líquido suficiente para afrontar alguna operación importante.

Sin estrellas de la NBA en Europa

Además, los jugadores bajo contrato pueden ser reclamados por sus equipos tan pronto se llegue a un acuerdo, de manera que es difícil que un Barcelona o un Real Madrid condicionen su temporada a fichar una estrella que puede hacer las maletas de un día para otro. Sin olvidar que, en caso de lesión, el equipo NBA podría rescindir unilateralmente el contrato del jugador por llevar a cabo actividades peligrosas en su tiempo libre.

Otro caso es el de los jugadores que justo ahora terminaron sus contratos y no pueden renegociar ante el cierre patronal; son libres a todos los efectos. Hay varios afectados interesantes, como Marc Gasol o el ruso Andrei Kirilenko. Pero conviene recordar la diferencia de cifras: incluso con el descenso de salarios previsto, el pequeño de los Gasol puede aspirar a un contrato por encima de los ocho millones de dólares, tal vez en la vecindad de los diez. Su hermano Pau se acerca a los 20...

En Europa no hay prácticamente ningún jugador que supere los dos millones de euros anuales, casi tres millones de dólares; unas cantidades que sí están interesando ya a europeos que meditaban el regreso -caso del serbio de los Boston Celtics Nenad Krstic, recién fichado por el CSKA Moscú-, veteranos o jóvenes recién salidos de la Universidad.

Más allá del 5 de enero

El escenario cambiaría por completo si el cierre patronal se prolonga hasta el día 5 de enero. En ese caso, la temporada quedaría definitivamente suspendida, los jugadores incluso con contrato serían libres de tener otra actividad, y podrían optar por cruzar el océano para no pasar el año en blanco. José Manuel Calderón, por ejemplo, ya declaraba el pasado mes de mayo que sólo entonces se plantearía volver a España, aunque prácticamente daba por hecho que haría las maletas en ese caso. Pau Gasol vino a decir lo mismo el viernes.

Si parece difícil que se paralice un negocio de 3.000 millones de euros anuales, conviene recordar que la liga de hockey ya optó por pasar un año en blanco, en la temporada 2004-2005, y asestó un golpe al sindicato de jugadores del que no se ha recuperado hasta hoy; entre otras cosas, las antipatías de los seguidores pasaron con bastante velocidad de los propietarios que habían decidido el cierre a los deportistas que no querían rebajarse sus astronómicos sueldos. Un ejemplo contrario es el de la liga de fútbol americano, que este mismo año inició un lockout en marzo que fue considerado ilegal en los tribunales, obligando a reanudar la actividad mientras se mantiene la disputa legal.