Tras la salida de Ben Ali

Túnez busca la forma de crecer

La "Revolución de los jazmines" ha significado libertad y esperanza para los tunecinos. Pero la situación económica no permite margen de error alguno. A Túnez le urge crecer.

La bandera tunecina
La bandera tunecina

Cinco meses después de protagonizar la gran revolución del siglo XXI, Túnez intenta dar sus primeros pasos en libertad. Pese a que los principales problemas persisten, como el insostenible paro entre la población más joven, la ciudadanía tunecina siente que se ha quitado un gran peso de encima. La "Revolución de los Jazmines" acababa el 14 de enero con los 23 años de mandato del hasta entonces presidente Zin El Abidine Ben Ali, acusado de convertir al país en un pozo de corrupción y abocarlo a una grave crisis económica.

Pero el movimiento social que logró la caída de Ben Ali, y que abrió la llamada "primavera árabe", no sólo se ha convertido en motivo de orgullo para la población tunecina. El gobierno de transición, que ha retrasado hasta octubre las elecciones para elegir a quienes tendrán que dar forma a la nueva Constitución, presume de Revolución para atraer nuevos inversores y mejorar la situación económica en la que se encuentra el país.

La inversión foránea es el clavo al que gobierno de transición se agarra, quizá con demasiado ahínco, para que la revolución social tenga también su efecto positivo en el ámbito económico. Durante el Foro Internacional de la Inversión celebrado en la capital tunecina, las autoridades del país exhibían las posibilidades de futuro de la nueva Túnez: un clima de negocios favorable gracias a una mayor transparencia y al fin de la corrupción, una clase media numerosa, una casi absoluta integración de la mujer en la sociedad, y una población joven, formada y comprometida con su país. El 48% de la población tiene menos de 25 años, y según el Primer Ministro Essebsi, la tasa de escolarización es del 97%. Pero sus expectativas para poder desarrollar sus capacidades en el país son pobres: de los 80.000 nuevos tunecinos que se licenciarán este año, poco más de la mitad encontrarán trabajo.

El gobierno transitorio basa la reducción de la tasa de desempleo en dos aspectos: la deslocalización de procesos productivos por parte de las empresas extranjeras que se decidan a invertir en el país (offshoring); y el impulso a las pequeñas empresas y comercios, de manera que los jóvenes no sólo obtengan un empleo sino que tengan la capacidad para crearlos.

Hasta lograr un crecimiento constante, la economía tunecina ha de enfrentarse con diversos obstáculos: una tasa de desempleo cercana al 20%;, el desplome del 50% de su sector clave, el turismo; un crecimiento negativo del 3,3% durante el primer trimestre del año o un retroceso del 24% de la inversión extranjera durante los primeros cinco meses del año.

Para superarlos, también contribuirá el gobierno con un "Plan Marshal" -descrito así por el ministro de desarrollo regional, Abderrazek Zouari- de 125 mil millones de dinares tunecinos (unos 12.500 millones de ¤) en cinco años, 25 mil por año, para favorecer las inversiones en infraestructuras, desarrollar el tejido de las PYMES e impulsar el sector de las microfinanzas. En este sentido, ven necesario impulsar vías alternativas de financiación, ante la dificultad de las pequeñas empresas para acceder al crédito. Entre éstas alternativas, citan el capital riesgo y las SICAV.

Unas cantidades que se añaden a las comprometidas por el G-8 en el mes de mayo: 28.000 millones de euros entre 2011 y 2013 destinados al desarrollo económico y político de Túnez y Egipto.

Pese a las buenas palabras, la incertidumbre en este nuevo escenario es latente. Principalmente, por la propia indefinición del panorama político, que aún debe superar varias etapas hasta consolidar un verdadero gobierno democrático. Empezando por las elecciones para la asamblea constituyente, y la posterior consulta popular para la aprobación de la nueva carta magna. Pasos fundamentales sin los cuales no será posible convocar elecciones para la formación de un gobierno democrático.