¿Optimismo antropológico en los ingresos fiscales?
Los analistas dudan de que el PIB crezca un 2,3% en 2012 como defiende el Gobierno
El Gobierno prevé que, en 2012, el Estado recaudará 127.852 millones, un 20,5% más que lo presupuestado para 2011. ¿Optimismo antropológico o existen bases sólidas para augurar un incremento tan notable de los ingresos fiscales? Si bien es cierto que las estimaciones del Ejecutivo en ejercicios anteriores fueron excesivamente optimistas, también es verdad que, en el último año, los ingresos fiscales superaron las previsiones del Ministerio de Economía.
En cualquier caso, el aumento de recaudación que planea el Gobierno se fundamenta en un crecimiento del PIB del 2,3% para el próximo año, cercano ya a la velocidad de crucero que precisa la economía española para crear empleo de forma estable. Sin embargo, ni analistas ni organismos oficiales confían en esas cifras. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) augura que el PIB avanzará el próximo año a un ritmo del 1,6%, muy por debajo de las estimaciones de Moncloa. De hecho, nadie, excepto el Gobierno, prevé que la economía española logre crecer por encima del 2% en 2012.
Si finalmente son los analistas quienes llevan la razón, resulta improbable que se cumplan las buenas previsiones de ingresos que se incluirán en los Presupuestos de 2012. Así, alcanzar ese nivel de recaudación del Estado solo resultaría factible con nuevas subidas de impuestos, una posibilidad que la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, rechazó tras presentar el techo de gasto para el próximo año. Sin embargo, la experiencia reciente demuestra que ello dependerá de la evolución de la economía y, sobre todo, de los mercados internacionales, esos entes abstractos que ya han obligado al Gobierno más de una vez a dar un volantazo a su política económica. Por ejemplo, pocos meses antes de subir el IVA, en julio de 2010, el Ejecutivo negaba esa posibilidad bajo el argumento que perjudicaría el consumo. Sin embargo, las presiones de los mercados pudieran más.
Por otra parte, cumplir con la senda de reducción del déficit fiscal supone una prioridad para el Gobierno mayor que asentar el crecimiento económico, a pesar de que ambas variables están interrelacionadas. Si los ingresos fiscales no evolucionan según lo previsto, el Ejecutivo solo tiene dos opciones: reducir más el gasto o subir los impuestos para elevar la recaudación. Por el lado de los gastos, el Ejecutivo ya ha realizado un esfuerzo importante. Para este año, redujo el techo de gasto no financiero un 7,9% y, para 2012, lo ha vuelto a recortar un 3,8%, una cifra considerable si se tiene en cuenta que la partida para pagar los intereses crecerá notablemente. Sin embargo, las posibilidades de seguir recortando el gasto sin socavar el Estado del bienestar cada vez son menores.
Así, los contribuyentes españoles ya pueden encomendarse a un ser superior para que las previsiones de crecimiento se cumplan. En caso contrario, todo apunta que los impuestos subirán. Bruselas ya ha recomendado elevar el tipo del IVA, que en España aún se sitúa por debajo de la UE. En cualquier caso, el mayor impuesto indirecto está recaudando por encima de lo esperado. El mayor problema se produce en el impuesto sobre sociedades, un tributo que ha caído más que ningún otro y por encima de las previsiones. Ahora, Salgado anuncia que Hacienda mejorará la gestión del tributo sobre todo entre las grandes empresas. Sin embargo, en lo que va de año, el impuesto sobre sociedades continúa cayendo y nadie sabe dónde está el suelo.
Bajar impuestos, improbable
Si bien una reducción de los impuestos implica dejar más dinero en mano de los contribuyentes y, por tanto, incentiva el consumo, la necesidad de recortar el déficit convierte en improbable una reducción de los tributos. Funcas, en un ejercicio teórico publicado ayer, indicó que una rebaja fiscal del IRPF que impulsara un crecimiento del 2,5% del PIB tendría un coste recaudatorio de 25.000 millones de euros. Ello equivaldría el 35% de los ingresos previstos. En la coyuntura actual, resulta utópico imaginar una rebaja fiscal de tal calibre.