COLUMNA

El 'JCPod' de Apple

El campo de distorsión de la realidad Apple se ha extendido a la cadena comercial JCPenney. La empresa ha pescado a Ron Johnson, el responsable de las emblemáticas tiendas de Apple, para ocupar el puesto de consejero delegado. La contratación ayudó a impulsar el valor de mercado de JCPenney hasta situarlo en 1.200 millones de dólares. Lo cierto es que Johnson pasó también 15 años en la minorista Target, pero la circunferencia del halo de Apple parece demasiado extensa.

Cuando Apple abrió sus primeras tiendas en Tysons Corner, Virginia y Glendale, California, hace una década, el concepto fue tachado de una locura. Casi nadie podía entender por qué los consumidores estarían más inclinados a comprar ordenadores y artefactos en una tienda Apple en lugar de cualquier otra. Después de todo, lugares como Circuit City ofrecían una selección de ordenadores más amplia.

Pero Johnson lo logró -y con estilo-. Hace tiempo que Circuit City desapareció. Mientras, Apple consigue algunas de las mayores ventas por metro cuadrado de cualquier minorista. Sus más de 300 tiendas en todo el mundo generaron 10.000 millones de dólares de ingresos en el último año y representaron casi uno de cada ocho dólares de ingresos operativos de Apple.

Puede que los inversores esperen demasiado de Johnson. Los nuevos iPad e iPhone se venden prácticamente solos. Mientras que, por ejemplo, los vaqueros Wrangler no lo hacen. Y Penney carece, además, de una base de fans por sus productos como tiene Apple.

Hay una medida simple de la exuberancia. Johnson, indudablemente, ha contribuido al poderoso estatus de Apple. Pero el presidente ejecutivo Steve Jobs puede presumir de un papel mucho más preponderante en la reinvención de una empresa casi en bancarrota a una de más de 300.000 millones de dólares. Cuando Apple anunció la retirada de Jobs por razones de salud en enero las acciones cayeron un 2%. A pesar de las proezas de Johnson, su nombramiento no justifica un movimiento en el mercado de prácticamente la misma magnitud.

Por Robert Cyran