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Tribuna

Ideas contra la economía sumergida

Hace unos decenios, el Estado monopolizaba la distribución de cigarrillos a través de Tabacalera, los beneficios eran altos. Fumar era moderno y estiloso. Con el tiempo, los costes sociales se fueron haciendo evidentes. El Estado hizo cuentas: lo que se cobraba no compensaba el impacto del tabaquismo en el gasto sanitario. Empezó entonces un largo camino: más impuestos, campañas de concienciación, prohibición de fumar en muchos lugares… En eso andamos aún.

Ahora, el Estado monopoliza la emisión de papel moneda a través del Banco Central Europeo, los beneficios son espectaculares. Los billetes no solo no pagan impuestos, ayudan a evadirlos y, principalmente por ello, son muy populares. Pero los billetes tienen un coste social superior al de los cigarrillos. De ellos dependen la delincuencia económica (atracadores, prostitución, narcotraficantes…) y la política (terroristas, corruptos…), además de la economía sumergida (los que facturan en B, los que trabajan y cobran el paro, los inmigrantes ilegales, los manteros…).

Reflexionando un poco, es fácil entender que para la sociedad los billetes son muy mal negocio, a pesar de los beneficios que esta actividad aporta al BCE. Además, en estos momentos hay medios de pago modernos que pueden llegar a sustituirlos. Por primera vez en la historia del dinero, los medios de pago opacos no son inevitables, la tecnología ofrece alternativas. Es decir, el Estado podría privatizar los medios de pago, aunque siempre debería controlar su funcionamiento. Lo hizo en su día con Tabacalera.

El Gobierno acaba de alumbrar un nuevo plan contra la economía ilegal, en este caso para aflorar empleo sumergido. Sería una buena ocasión de someter al papel moneda a un tratamiento similar al de los cigarrillos. De entrada, se podría imponer una tasa por el uso de billetes (un 1% por ejemplo), que los bancos cargarían en cuenta, al retirarlos en un cajero o en una sucursal. Además, las empresas y los profesionales ingresarían una tasa similar sobre las ventas realizadas en efectivo. Es un impuesto fácil de recaudar, con un rendimiento mínimo inicial de 4.000 millones de euros.

La recaudación es muy importante, pero lo es más la contracción que provocaría en la demanda legal de billetes, tanto del que los emplea para pagar como del que los acepta para cobrar. Se iniciaría un camino para reducir la economía sumergida y la delincuencia: a menos billetes, menos actividad ilegal. El combate contra el tabaquismo es una referencia. Primero se aplica una tasa a un servicio del Estado, la emisión de billetes, que cuenta con la adicción de muchos indeseables. Después, se evalúan resultados, se realizan campañas de concienciación, se prohíbe el uso en algunas actividades…

La economía sumergida es un gravísimo problema. El Estado necesita recaudar más, pero aumentar impuestos es como echar agua en un cesto. Mucha se pierde por los agujeros y acaban pagando siempre los mismos, los ciudadanos honestos. Con pocos billetes aumentarán los ingresos públicos y bajará el gasto, porque harán falta menos cárceles, policías y jueces.

Enrique Sáez. Empresario y economista. Autor de La energía oscura del dinero

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