TRIBUNA

Los deberes que esperan al futuro Gobierno luso

Acaban de tener lugar las elecciones legislativas anticipadas en Portugal con una victoria contundente del conservador Partido Social Demócrata (PSD) de Pedro Passos Coelho, que será el nuevo primer ministro. Según los resultados provisionales, el PSD habría obtenido un 41,4% de los votos (en el año 2009 obtuvo el 29,1%). El primer ministro saliente del Partido Socialista (PS), José Sócrates, ha sido el gran derrotado al ser castigado fuertemente y obtener solo un 28,9% (36,5% en 2009).

En tercer lugar, queda Paulo Portas, candidato del derechista Centro Democrático Social (CDS), con el 10,8% (10,4%). Por detrás se sitúan los dos partidos de izquierda, la coalición de comunistas y Verdes, con el 6,7%(7,8%), y Bloco de Esquerda, con el 4,2% (9,8%).

Este resultado deja al PSD al borde de la mayoría absoluta y provoca un giro político en el país vecino que había sido dominado desde febrero de 2005 por el Partido Socialista. Si al final el PSD no consiguiese los escaños suficientes, tendrá que formar coalición con el CDS y reeditar la coalición que gobernó Portugal entre marzo del año 2002 y febrero de 2005.

El Gobierno entrante se va a encontrar con un panorama desolador: las cuentas públicas presentan un déficit de 8,7% del PIB y una deuda del 92,4% del PIB; el desempleo está al 12,4%, según las cifras oficiales (los sindicatos lo elevan al 13,5%); la pobreza ha llegado al 20% de la población (dos millones de pobres), y continúa la quiebra de empresas (1.700 en lo que va de año), así como el endeudamiento de las familias y el aumento de casas embargadas.

Esta situación de emergencia llevó al país a solicitar un préstamo de 78.000 millones de euros de la Unión Europea y el FMI. El programa de ajuste negociado con estas instituciones establece como meta un déficit público del 3% del PIB en 2013, e impone durísimas medidas de ajuste, así como profundas reformas estructurales.

Lo mejor del resultado electoral es que posibilita una amplia mayoría para poder aplicar el duro y detallado paquete de ajuste. El nuevo Gobierno no podrá perder ni un día. De acuerdo con las previsiones de la Comisión Europea, se espera que la economía portuguesa tenga una contracción del 4% entre este año y el 2012; que el desempleo llegue al 13%, que bajen los salarios reales un 3,6% este año y un 1,9% el 2012, y que caiga el consumo un 4,4% este año y el 3,8% en 2012.

Es por ello que el impacto social de las medidas va a ser muy doloroso. Los portugueses van a ver cómo bajan los ingresos anules de sus familias por las subidas de impuestos y de los transportes y servicios públicos (y por la eliminación las deducciones de las actualizaciones de los salarios), y cómo se reducen sus prestaciones sociales.

Dado que los tres partidos mayoritarios han apoyado el paquete de ajuste, una de las grandes decepciones de la campaña ha sido precisamente la falta de una discusión profunda sobre sus consecuencias e implicaciones. Solo los partidos a la izquierda del PS (el PC y el BE) han rechazado el acuerdo por violar la soberanía del país (representantes de la Comisión, el BCE y el FMI, la troika, visitarán Portugal trimestralmente para vigilar el cumplimiento del plan de ajuste) y han hablado de su coste social, e incluso han promovido un debate nacional sobre la posible salida de Portugal de la eurozona.

Sin embargo, muchos portugueses consideran el paquete como un instrumento para forzar a sus políticos a implementar reformas dolorosas pero necesarias, y consideran la crisis como una oportunidad para abandonar su adicción al crédito y al gasto, y fomentar el ahorro; conscientes de la necesidad que tiene el país de comenzar a gastar menos y producir y exportar más.

Los problemas de Portugal durante los años previos a la crisis dejan claro que no nos encontramos tan solo ante un problema de liquidez o de solvencia, sino también con un problema estructural de falta de crecimiento y competitividad. La economía portuguesa tiene que mejorar su competitividad y cambiar su modelo productivo. Es de esperar que el nuevo Gobierno tenga la pericia necesaria para gestionar la situación y que permita al país retornar a la senda de crecimiento. Los portugueses lo merecen.

Sebastián Royo. Catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Suffolk (Boston)