Análisis

La tasa a los superdepósitos castigará a las entidades con más necesidades

Cuando este periódico publicó que el Gobierno impondría una tasa para que los depósitos de más rentabilidad pagasen más al Fondo de Garantía de Depósitos, se planteaba duplicar esta tasa, que hoy por hoy ronda el 0,1% sobre el nominal de los depósitos.

Era más un gesto que una medida coercitiva. Una décima es de fácil absorción, tanto por parte de los clientes como del margen de las entidades. En la redacción final no es una décima, son cuatro más cuando el tipo de interés supere 100 puntos el euríbor a 12 meses. Palabras mayores.

Por poner cifras, y sin ánimo de señalar sino de ejemplificar, una entidad en que su tiempo fue activa en depósitos de alta rentabilidad, como Caja España, tiene en balance 31.000 millones de euros en depósitos de la clientela. Ese 0,4% adicional para los depósitos que pagan más del 3,1% supondría, en caso de aplicarse a la mitad de los depósitos, 62 millones de euros. El resultado consolidado en 2010 fue de 47 millones.

Para NovaCaixagalicia, con 48.000 millones, aplicar el 0,4% a toda la cartera de depósitos serían 192 millones. Aplicado al 50%, 96 millones para una entidad que ganó 10 el año pasado.

Aunque buena parte de las imposiciones de años anteriores se hacen a tipos por debajo de los umbrales fijados, los intereses en los depósitos nuevos sí se acercan. Por ejemplo, las cajas -que en 2011 captan unos 18.000 millones de euros cada mes en depósitos nuevos- remuneran este nuevo ahorro con un 3,29% de media a más de un año, cuando el umbral fijado en el decreto de esta tarde está en el 3,137%.

Cabe recordar, además, que la guerra del depósito no es cosa de 2011; se arrastra desde los tiempos de Lehman Brothers, luego la medida puede afectar a una parte significativa del pasivo del sector.

¿Quién pagará la factura? Depende de las entidades. Aquellas que no tengan necesidad de entrar en la guerra del depósito podrán permitirse trasladar el coste a clientes. El palo será para las entidades que no tengan acceso a los mercados mayoristas y que necesitan tirar de oficina para captar liquidez.

Aunque el ánimo de Gobierno es cortar la guerra, las entidades que necesitan capital tienen que atraer el cliente vía precio, y por tanto tienen muchas más probabilidades de que esas cuatro décimas vayan contra el margen financiero. Eso que puede hacer insostenibles los números de muchas entidades.

La medida dista mucho de ser cosmética; es una decisión de gran calado que, con toda seguridad y sumada a las nuevas necesidades de capital, espoleará aún más el proceso de concentración en curso. La solvencia se puede maquillar, pero la necesidad de liquidez, no. Si las entidades más débiles ya no pueden confiar en la red comercial para captar dinero, pierden una de las pocas cosas que tenían: tiempo.