Pasteles por las nubes
Un clima cambiante, cada vez menos tierras cultivables y más bocas que alimentar. Estos factores en conjunto están presionando al alza el precio del trigo y de otros productos agrarios importantes. Las empresas que alimentan el hambre de las masas agotan los espacios disponibles para recortar costes y se ven cada vez más forzados a repercutir la inflación a los consumidores para evitar ver reducir sus márgenes de beneficio.
Algunos datos parecen favorecer a los más valientes. J. M. Smucker ha sido el pionero en aumentar los precios del café Folgers. Su rival Kraft se lo ha tomado con más calma y, sin embargo, las acciones de Smucker han mejorado a pesar -o puede que debido a - este movimiento agresivo.
Pepsi también conmocionó a los mercados a principios de año cuando prácticamente dobló sus previsiones de inflación para los productos básicos cuando rivales como Coca-Cola aún esperaban. Con todo, sus competidores se han ido acercando a ese nivel poco a poco mientras veían como las acciones de Pepsi les superaban.
La historia siempre favorece a los osados. Durante la última gran inflación de alimentos, d 2007 a 2008, General Mills aumentó los precios y aún así ganó una impresionante cuota de mercado. Con marcas como Cheerios y Lucky Charms, la compañía aumentó las ventas de cereales desde el 16% al 26% en un año, según la empresa de investigación IBISWorld.
Con la economía aún respirando con dificultad y los empleos tardando en llegar, los consumidores puede que no tengan mucho apetito por mayores precios como ya habían hecho frente en anteriores crisis. Pero las empresas que son suficientemente grandes y audaces para abordar esta situación parecen tener, no obstante, una ventaja en estos tiempos difíciles.
Lisa Lee