Pepinos y falta de colaboración
Una infección alimentaria tan grave como la que se ha producido en ciertos productos hortofrutícolas en Alemania, que ya ha causado al menos 14 muertos, es un problema de tal calado que resulta irritante la escasa colaboración con que lo están gestionando las autoridades. Según las españolas, las alemanas -acostumbradas últimamente a dictarles los deberes a sus socios- han perdido la perspectiva. Porque acusar precipitadamente y sin pruebas a una partida de pepinos españoles de portar de origen la maligna bacteria E.coli es, cuando menos, una importante irresponsabilidad. Sin embargo, Alemania ha puesto en práctica el sistema de alerta rápida europea, que obliga a informar del origen del producto. Claro que eso no incluye ofrecer juicios a priori ni obliga a medidas tan drásticas como las adoptadas, que ya se han extendido a Austria, Finlandia o Rusia y han cerrado las puertas a otros muchos productos agrícolas españoles.
El sector hortofrutícola, que exporta semanalmente por valor de 200 millones, ya teme pérdidas multimillonarias. Pero tan irresponsable como la acusación de Alemania antes de tener los resultados de los análisis sería encontrar algún agujero en los controles sanitarios de los productos españoles. Y más tras las graves alarmas alimentarias sufridas en nuestro país y el resto de Europa. Por eso urge conocer el origen real de la infección.