Derechos de retransmisión

Premier vs. Liga: realidades opuestas

La liga inglesa genera unos 1.100 millones por sus derechos televisivos frente a los 600 de la española. Sin embargo, el Barça gana más del doble que el Manchester.

Los finalistas de esta edición de la Champions son los máximos exponentes de las principales ligas del mundo a nivel deportivo: la Premier y la Liga BBVA. A nivel económico los datos dicen que la competición inglesa es la más potente de Europa, con unos 1.100 millones de euros de ingresos por la explotación de sus derechos televisivos. La española se sitúa en un tercer escalón, por detrás de la liga italiana, con algo más de 600 millones.

Pese a una diferencia de 400 millones de euros entre ambas ligas, provocada por el mayor calado de la Premier en el mercado extranjero, el F.C. Barcelona gana el doble que el United por este concepto. Junto al Real Madrid, son los clubes de fútbol que más dinero ingresan en toda Europa por la explotación de sus derechos televisivos: 140 millones al año. Entre los dos, acaparan el 45% de todo lo que genera la Liga española.

Por su parte, el campeón inglés ha ingresado ésta temporada 70,1, el 6,34% del total de su liga y sólo 25 más que el equipo menos beneficiado, el Blackpool, que ha descendido. La clave: el reparto que hace cada liga entre sus equipos.

La liga inglesa fue refundada en el año 1992, tras los peores años del fútbol británico, desvinculándose de la Federación Inglesa y formando la Premier League, una sociedad con independencia y responsabilidad total a la hora de negociar la explotación de los derechos televisivos de toda la competición, a diferencia de la Liga Española donde cada club negocia su contrato con los operadores. Esta unidad se traduce en una posición más fuerte a la hora de vender esos derechos, generando más ingresos que se reparten de forma más solidaria.

Los pagos a los clubes ingleses se dividen en cuatro conceptos: una base fija similar para todos, de 16 millones; una cantidad variable según el impacto televisivo de cada equipo; otra según su clasificación, y una cuarta también similar para todos, de 20,7 millones, procedente de la venta de los derechos a las televisiones extranjeras. Por tanto, cada equipo cuenta con un fijo de 36,7 millones, el triple de lo que recibieron el Xerez, el Málaga, el Sporting de Gijón y el Tenerife en la Liga BBVA 2009/2010. A partir de ahí, entran en juego las variables, llegando el Manchester a los mencionados 70 por su clasificación y su mayor impacto televisivo, tras haber sido el equipo más retransmitido en directo con 26 partidos. El Blackpool ingresó 6,7 millones por su repercusión televisiva, el mínimo, y 1,7 por su posición final: penúltimo. 45,3 en total, casi cuatro veces más que los equipos españoles anteriormente nombrados. Además, los clubes descendidos reciben 8,8 millones.

El escenario de La Liga

Los equipos españoles han protagonizado divisiones en los últimos meses a raíz de la negociación de un nuevo reparto de los ingresos televisivos a partir de la temporada 2014/2015. El propio director general de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Francisco Roca, reconoce que el sistema actual "desequilibra la competición". Sin embargo, el nuevo reparto que han impulsado Real Madrid y Barcelona, con el apoyo de Valencia y Atlético de Madrid, será el que prevalezca pese a que las diferencias continuarán siendo notables.

A la hora de diseñar el nuevo sistema, los clubes cuentan con llegar a una recaudación superior a 800 millones, y para ello habría que acabar con el partido de liga en abierto, según defienden. Madrid y Barça disminuirían su cuota del 22,5% actual a un 17% cada uno, con lo que no perderían nada de sus contratos actuales. El siguiente escalón sería el de Valencia y Atlético, con el 5,5% cada uno, que seguirían a una distancia de unos 100 millones anuales. Roca afirma que ésta "no es la solución definitiva", pero sí "un paso en la buena dirección". Equipos como Sevilla, Villarreal o Espanyol siguen defendiendo la necesidad de establecer un sistema basado en los méritos deportivos, con el que solucionar el desequilibrio que la propia organizadora de la competición reconoce.