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Columna

Un problema (no tan grave) para el BCE

El Banco Central Europeo (BCE) es cada vez más explícito en lo que se refiere a la reestructuración de la deuda de Grecia. Lo que ha llevado a creer a muchos que el balance de la institución sufriría una sangría de llegar el caso. Un análisis de Breakingviews sugiere que no es así.

Reestructurar la deuda pública griega hasta llevarla a un manejable 90% del PIB causaría una pérdida de solo 12.300 millones de euros para el banco emisor del euro resultado de su participación directa en los bonos soberanos. Reestructurar la deuda irlandesa y portuguesa en la misma línea supondría otros 3.500 millones de en pérdidas -sumando un total de 15.800 millones-. Eso sería un golpe significativo, alcanzando alrededor del 19% de los 81.200 millones del sistema de capital del euro. Pero no pondría en peligro a la autoridad al BCE.

Tras esa hipotética reestructuración, el balance del sistema del euro estaría apalancado 29 veces, frente a las 20 de principios de 2007. Eso probablemente daría lugar a que el BCE buscara en sus propios accionistas -oficialmente los bancos centrales nacionales, pero de hecho los Gobiernos de los 17 países miembros del euro- un incremento de capital por encima de la inyección de 5.000 millones del año pasado. Algo que podría resultar vergonzoso, pero tal y como están las cosas, un mal menor.

El peligro real es que una quiebra de los países periféricos vaya acompañada de un colapso de sus sistemas bancarios. Pero el BCE no se enfrentará con un escenario de pesadilla mientras que Europa tenga suficientes medidas de apoyo para recapitalizar y financiar a los bancos en dificultades en caso de una quiebra soberana. La ausencia de una red de seguridad es un manifiesto agujero en las herramientas de gestión de la crisis europea.

Por P. Briançon y N. Unmack

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