¿Y si Grecia rompe la baraja?

Los mercados siguen liados con el espinoso asunto de la deuda griega (y la irlandesa, portuguesa, española,... pero esas ahora están en segundo plano), pensando en cual puede ser la mejor solución para resolver la crisis. Mucho se está discutiendo sobre si es mejor una reestructuración suave, con alargamiento de plazos y reducción de intereses o ir directamente a una quita del principal u otro tipo de reestructuración más agresiva.

Cada día aparecen declaraciones a favor y en contra de las posibles soluciones por parte de altos miembros de la Unión Europea y de los diversos países afectados, lo cual no ayuda a mandar un mensaje de tranquilidad precisamente.

Cada vez está más claro que de una u otra forma habrá que reestructurar la deuda del país, posiblemente mediante una quita (reducción del principal de la deuda). Lo malo de la quita es que, si de lo que se trata es de ayudar al país, hay que hacerla por un importe que realmente alivie los pagos y permita que la nueva deuda pueda ser pagada. En ese caso los mercados barajan que debería ser como mínimo del 20%, aunque hay quienes apuestan por cantidades mucho mayores que podrían llegar al 50%.

No nos engañemos, los planes de rescate de Grecia no se diseñaron para salvar al país, sino para salvar a la banca acreedora, sobre todo alemana y francesa, de un posible impago, lo que les obligaría a provisionar las pérdidas y seguramente a una ronda de ampliaciones de capital en los bancos más afectados para así cumplir de nuevo con los criterios de capital exigidos.

Lo malo es que finalmente se ha complicado tanto la cosa que estamos igual o peor que al principio, ya que entre los altos intereses que tiene que pagar Grecia en el mercado y la caída del PIB provocada por los planes de austeridad su porcentaje de deuda frente al PIB se ha disparado hasta un punto que hace muy difícil, por no decir imposible, que pueda pagar lo que debe.

Otro problema viene de que parece que ya en Europa pocos se fían de los gobiernos griegos, tras los incumplimientos reiterados en los parámetros marcados en el plan de rescate, hasta el punto de que ya hay quien pide que Grecia ponga como garantía a los préstamos activos tangibles, es decir, empresas públicas y patrimonio del Estado.

Grecia ha aprobado un plan de venta de activos de 50.000 millones de dólares, pero desde los prestamistas se exige que esa cantidad sea mayor e incluso que sea un organismo externo el que haga las privatizaciones, quedando el dinero de las mismas como garantía de pago de lo prestado.

Llegados a este punto, ¿qué probabilidad hay de que un gobierno, sea del color que sea, ponga bajo gestión extranjera las joyas de la corona para venderlas?. Mucho me temo que se está tensando la cuerda hasta un punto en el que se puede romper por algún sitio.

Las subidas de tono por una y otra parte tampoco ayudan a tranquilizar los ánimos y mientras desde el gobierno griego se decía hace unos días que si no se les da la cantidad comprometida en junio declararán el impago de la deuda, desde el otro lado se salía de nuevo con exigencias de más garantías.

Habrá que estar atentos en los próximos días al desenlace de este asunto. Un impago de los griegos de su deuda tensaría aún más la deuda de Irlanda, Portugal y España e incluso podría provocar la extensión del problema a otros países que hasta ahora han capeado el temporal más o menos bien como Italia o Bélgica.

Más difícil de prever es como se tomarían los mercados una reestructuración de su deuda. Si las medidas que se toman se ven como una solución de largo plazo y tienen un impacto limitado en los bancos afectados seguramente los mercados se lo tomarían bien. Una reestructuración agresiva que afectara fuertemente al balance de los prestamistas podría tomarse muy mal por el antecedente creado de cara a otros países en problemas.

Habrá que estar atentos por tanto a la solución, ya que para bien o para mal seguramente marcará los futuros movimientos de los mercados en las próximas semanas.