COLUMNA

Una Unión Europea sumida en la utopía

Deberían comprarse euros por el éxito de su núcleo o, por el contrario, deberían venderse por el bien de la periferia? Mejor lo segundo.

Las cifras del pasado viernes reflejan la división de la zona euro. El crecimiento del 5,2% respecto al año anterior es el más rápido desde la unificación alemana. El gasto interno empieza a hacer efecto. Francia, Bélgica, Países Bajos y Austria también han ido bien, creciendo cerca del 1% en el trimestre.

Pero en la periferia, la batalla de la recesión continúa. Grecia creció en el trimestre, pero el año pasado su economía se redujo un 4,8%. Portugal se contrajo, España e Italia apenas crecieron. El problema no es solo la deuda, los recortes fiscales y el estallido de la burbuja inmobiliaria. En los años del auge del euro los salarios se dispararon en la periferia.

¿Alguna vez iban Grecia o Portugal a ser lo suficientemente competitivos para tener una moneda tan fuerte como el euro? "Estamos en una incompleta... unión económica que no dispone de todas las herramientas para hacer frente los mayores problemas", dijo astutamente Yorgos Papandreu, el primer ministro griego, el pasado 13 de mayo. La zona ya ha rescatado a dos de las economías más débiles, Grecia e Irlanda, a un coste enorme. Sin embargo, siguen sumidos en el déficit y la deuda, y puede que necesiten aún más apoyo.

Sobre lo que debe hacerse, Europa titubea. Algunos reconocen que las deudas han aumentado demasiado y que es inevitable una reestructuración. Pero Europa se muestra reacia porque hacer esto en los países de la periferia podría causar una crisis bancaria por toda Europa.

El resultado puede ser que el núcleo cancele la deuda periférica a un coste altísimo y con resultados inciertos, o bien que algunos países salgan de la zona. Ninguno de los remedios necesita matar al euro, pero cada uno implica una crisis grave y desordenada.

El riesgo no está reflejado en el euro a 1,43 dólares. Los inversores ven que un núcleo reforzado se traduciría en una elevación del tipo de interés por parte del BCE. Y, por el momento, el déficit fiscal de EE UU y su precio del dinero a cero les repele. Pero al final las tasas estadounidenses aumentarán, por lo que parece inevitable una crisis más intensa del euro. Desde su posición actual, la moneda común tiene un largo recorrido de caída.

Ian Campbell