EDITORIAL

El automóvil transita por horas bajas

El sector del automóvil vive una confusa mezcla de pesimismo y optimismo que ha inundado la inauguración del Salón Internacional del Automóvil de Barcelona. Pesimismo, porque la caída de ventas está llegando a cifras dramáticas este año, tras un 2010 que cerró con 980.000 matriculaciones. Las previsiones de las marcas empiezan a anunciar menos de 900.000 unidades en el año, lo que implica un descenso del 10% y bajar a cotas de 1993. No obstante, las cifras esconden una realidad aún más oscura. El segmento de los particulares, de la mano del hundimiento del consumo, se ha derrumbado en los cuatro primeros meses del año y ha tocado un negro récord en abril con un descenso del 53%. Solo el aumento de las compras por las empresas que renuevan flota y por las alquiladoras, que se preparan para una buena temporada turística, han aliviado lo que puede terminar en un año negro.

Un hilo de optimismo, al menos de cara al exterior, recorre sin embargo las sedes de las marcas en España. Algunos consideran que la crisis ha tocado fondo y que las ventas pueden remontar el segundo semestre. Cierto o no, es imprescindible insuflar esa idea a unos consumidores que no se atreven a comprar un coche a pesar de que, como recuerdan desde el sector, nunca han existido mejores ofertas gracias a los esfuerzos comerciales. Pero el mercado se enfrenta con dos amenazas añadidas que sobrepasan los márgenes de maniobra de las automovilísticas: la recuperación de la confianza de las familias y la normalización del crédito. Y ambas caen bajo las parcelas de los responsables de la política económica.

Conscientes de ello, los fabricantes aspiran a algún elemento para devolver las ganas de compra a unos particulares reprimidos. Los planes Prever de antaño surtieron este efecto y permitieron renovar un parque anticuado, contaminante e inseguro. Ya han pedido su renovación en reiteradas ocasiones al Gobierno, aunque sin éxito, pues Economía lo considera un mal precedente para otros sectores también en apuros. Sin embargo, la renovación de vehículos sería la medida más eficiente para reducir las importantes emisiones de CO2 del transporte. Desde este punto de vista, tiene sentido un nuevo plan para achatarrar los coches más contaminantes. Pero en este punto es imprescindible mucha claridad: o se descarta por completo o se adopta sin dilación, pues generar falsas expectativas en el consumidor solo contribuye a deprimir más las ventas.

Tras la dura e infructuosa polémica entre las dos partes, el acercamiento entre concesionarios y fabricantes para normalizar el funcionamiento del mercado es un gran paso. Según Industria, hará que el anteproyecto de Ley de Distribución Comercial se apruebe esta semana. En cualquier caso, toda medida debe enmarcase en la eficacia, y ningún sector debe pensar en vivir solo con respiración asistida.