EDITORIAL

EE UU se ajusta el cinturón

El programa de ajuste fiscal que Barack Obama presentó el miércoles tiene como objetivo reducir la espiral de ascenso del déficit y la deuda pública del país. Este segundo plan del presidente demócrata pasa por recortar la deuda -que actualmente asciende a 14,3 billones de dólares- en cuatro billones y hacerlo a lo largo de los próximos 12 años. Para ello propone una receta que combina dos ingredientes: un fuerte recorte del gasto público y una reforma fiscal que, entre otros aspectos, supondrá la eliminación de rebajas tributarias a las rentas más altas. Obama sigue así, en parte, las indicaciones que el Fondo Monetario Internacional (FMI) realizó en su último informe sobre perspectivas monetarias, aunque el organismo sostiene la conveniencia de que EE UU aborde también recortes en materia de Seguridad Social. Unos recortes que suponen el principal escollo frente a los republicanos, cuya propuesta es que el ahorro previsto ascienda a 5,8 billones en 10 años y que, además, se oponen rotundamente a la subida de impuestos.

Pese a la diferencia de posturas de ambos partidos y el riesgo cierto de que el plan de Obama resulte insuficiente, EE UU parece haber comenzado a tomarse muy en serio la necesidad de ajustarse el cinturón y poner su deuda pública bajo control. Una necesidad cuya importancia es vital y que no se ciñe únicamente al ámbito doméstico, sino que afecta plenamente a la recuperación económica global. Como advertía hace unos días el FMI, una crisis de deuda pública estadounidense tendría consecuencias fatales para la precaria estabilidad financiera mundial. No hay que olvidar, además, que la necesidad creciente de financiación soberana tiene como primer efecto detraer la inversión del sector privado y dificulta, por tanto, la recuperación económica general.

La ola de austeridad que recorre EE UU no es más que la receta que se ha venido exigiendo a las economías europeas. Una amarga medicina que, en el caso de España, debe seguir aplicándose con pulso firme. Ramón Jáuregui reiteraba ayer en el Foro CincoDías que la prioridad del Gobierno es continuar con la consolidación fiscal iniciada en 2010 para reducir el déficit desde el 9,2% del PIB a una cifra cercana al 6% a finales de año. Frente a la opinión del FMI, que apunta a que España necesitaría realizar ajustes adicionales para conseguir ese objetivo, el ministro de la Presidencia sostuvo que no es necesario realizar más recortes, aunque instó a las comunidades autónomas a cumplir con el objetivo de déficit. El anuncio de Jáuregui sobre el adelanto de la negociación del techo de gasto parece indicar que el Ejecutivo necesita asegurarse cuanto antes los apoyos parlamentarios y que es consciente de que tendrá dificultades para lograr el aval a unas cuentas que deben ser -necesaria y firmemente- austeras.