Análisis

Por qué España esquivará el rescate duro

Y ahora Portugal. Lo que los mercados anticipaban, los políticos temían y los analistas vaticinaban se ha producido: Portugal ha entregado la cuchara y se ha puesto en manos de los cirujanos de Bruselas y el Fondo Monetario. Una vez se cuantifique el montante de las necesidades financieras lusas, se establecerá qué parte pone cada uno, en qué plazos se inyectará, con qué periodo de amortización y a qué precio. Desde luego el tipo de interés rondará, como en los casos griego e irlandés, el 5%, y supondrá que Portugal y su sufrido Tesoro saldrán del mercado primario de deuda por una larga temporada. La misma que la economía portuguesa estará en la UVI, sometida a las reformas y recortes diseñados por los agentes del FMI y comunitarios, pero que, si todo va bien, permitirán a Portugal volver a la realidad con un balance adelgazado pero más fibroso.

La pregunta que todo el mundo se hace ahora es qué pasa con España. ¿Se han derrumbado los muros de contención? ¿Pondrán los mercados su proa especulativa hacia las emisiones de España?. Las condiciones de España no han cambiado radicalmente por el simple hecho de que Portugal haya entrado en capilla. Los números de sus fundamentales siguen siendo los mismos, para bien y para mal, y en todo caso los mecanismos de auxilio comunitario están más perfeccionados, o a punto de perfeccionarse, para hacer frente a un ataque indiscriminado a España.

Las autoridades comunitarias sabían desde hace un año largo que lo que ha ocurrido iba a ocurrir, y tienen previsto qué debe ocurrir en los trimestres venideros con el resto de las economías periféricas, como la española o la italiana. Sabían que era bastante inevitable el rescate de los malos y poco fiables administradores griegos, el de una Irlanda arrastrada por la desmesura del riesgo y tamaño de sus bancos, y el de una economía paralizada si no tiene estímulos públicos como la portuguesa.

Y sabían también que España son palabras mayores; que el tamaño de su economía es lo suficientemente grande como para arrastrar al proyecto comunitario si pierde pie, y que tiene envergadura para recomponer unas cifras que en absoluto se acercan a los riesgos de los periféricos rescatados (ni en deuda, ni en posibilidades de reacción), aunque sea con la mediación de reformas impopulares y recortes dolorosos.

Por ello, de las tres opciones que siempre ha tenido España ante el ataque de los señores del dinero (autorrescate con reformas serias, auxilio del paracaídas del BCE con compra masiva de deuda española y ponerse en manos de Bruselas y el FMI), parece que finalmente, y tras depurar el mecanismos de rescate permanente para más allá de 2013, será el rescate blando vía adquisición de títulos de deuda. Eso sí, España debe evitar llegar a esta situación. Debe ponérselo difícil a los mercados, y que esta especie de rescate blando sea una respuesta al capricho de los mercados y no una respuesta a la indolencia de los políticos.

Para ello, las reformas deben intensificarse, haciendo esfuerzos adicionales en las que están en marcha, y planteando cosas serias en las nuevas. No basta, y lo dice el Gobernador del Banco de España, "ir en la buena dirección; hay que hacer las cosas con la profundidad suficiente".

La única dificultad para ello es la difusa situación política en la que está el país, con un presidente en retirada, una pelea interna en el partido gobernante por sucederle, y una oposición que afila los dientes llamando a la movilización electoral, circunstancias todas ellas que no ayudan precisamente a movilizar las estructuras legales y productivas cuando más se necesitan. Y se necesitan más que nunca si damos por buenas las previsiones pesimistas de crecimiento, demanda y empleo que la vicepresidenta Salgado ha revisado para España hasta 2013, año en el que el déficit fiscal debería estar por debajo del 3%.

A las operaciones del BCE se sumarían a partir de 2013 las compras de títulos en el primario y con categoría senior de deuda española por parte del fondo de rescate permanente, lo que otorgaría a España un escudo de protección del que ni Grecia, ni Irlanda ni Portugal han dispuesto por que el calendario los ha condenado. A partir de 2013 la deuda de España, la compre quien la compra, será senior, mientras que la del resto de periféricos queda, como ahora, al albur de un secundario en el que los operadores descuentan una quita significativa en el futuro.