A fondo

¿Otro agujero en la Seguridad Social?

La Seguridad Social siempre ha tenido un comportamiento financiero más positivo que el Estado, que a fin de cuentas ha encajado todos los golpes bajos de la crisis. Pero el sistema de pensiones ya cerró 2010 con un pequeño déficit de explotación, y donde únicamente los ingresos generados por los intereses del Fondo de Reserva permiten presentar aún unos números negros significativos, pero que tienen un carácter puramente coyuntural.

Los datos acumulados en los dos primeros meses del año 2011 revelan que el superávit del sistema se reduce a unos 3.800 millones de euros, un 0,35% del PIB, frente a más de 4.600 de los dos primeros meses del año pasado. Persiste, por tanto, el deterioro lento de las cuentas de la Seguridad Social. Siempre tarda más en absorber los quebrantos financieros de la crisis, porque funciona con un decalaje de dos años, justo el periodo en el que las personas que pierden el empleo tardan en abandonar la Seguridad Social como cotizantes desde el desempleo.

Hasta febrero los ingresos descienden un 1,43%, como consecuencia de la pérdida no concluida del empleo, así como por el estancamiento de las bases medias de cotización, variable guardada con celo por los gestores del sistema. Pero los gastos avanzaron un 3,24% por el efecto sustitución de las prestaciones: cada pensión nueva es casi un 50% más cara que aquella que se amortiza por fallecimiento.

A este ritmo, si la máquina de generación de empleo no se recupera a tiempo, el deterioro de las finanzas del sistema entrará en una fase más acelerada en los próximos trimestres. Además, en los próximos meses abandonan el desempleo remunerado cientos de miles de españoles, y con ello pierde la Seguridad Social un volumen nada despreciable de ingresos.

Si profundizase el déficit de explotación (ingresos menos gastos) el sistema echaría mano del Fondo de Reserva, que contabiliza más de 65.000 millones de euros de ahorro de los años pasados. Pero dado que no hay superávit, los déficits obligarían a realizar posiciones en las inversiones financieras del Fondo de Reserva, todas ellas en deuda pública, y mayoritariamente emitida por el Reino de España. En tal caso, cuando la Seguridad Social tenga una necesidad de tesorería extraordinaria, quizás para abonar la paga extraordinaria de verano, quizás para la de diciembre, tendrá que vender bonos españoles en el mercado secundario, y quizás tenga que hacerlo con descuento, tal como ahora cotizan. Solo gobernando el calendario de vencimientos con maestría puede evitarlo.

Apuntes contables

La Seguridad Social debe aclarar también qué dinero tiene contablemente el Fondo de Reserva, qué dinero tiene realmente, y cuál es el valor a día de hoy de la cartera de activos del fondo. Debe incrementarse la transparencia en uno de los organismos con más volumen de gasto del Estado, especialmente ahora que acaba de hacerse una reforma para buscar el equilibrio financiero en el futuro. La reforma tiene unos periodos transitorios tan largos que da la impresión de que si no se corrige el marchamo del empleo, debería acelerarse para evitar consumir el fondo antes de tiempo, y evitar también que la Seguridad Social se convierta en el tercer agujero financiero del Estado, tras el de las cajas de ahorro (no cuantificado de manera definitiva) y el de las comunidades (sobre cuyas finanzas hay cada vez más sombras, a las que habría que añadir posible afloración de gasto tras las elecciones de mayo).

Además, hacerlo supone vender cantidades nada despreciables de deuda española, lo que supone que hay que buscar un comprador alternativo en plena crisis de la deuda, aunque cierto parece que los mercados han comenzado a valorar a España de forma bien diferente a los países periféricos del euro. Evitar aflorar nuevos agujeros negros es vital para conservar esta consideración casi privilegiada.