Las consecuencias del terremoto

Japón trata a la desesperada de evitar la fuga radiactiva

El deterioro de un reactor tras otro en la central de Fukushima aumentó ayer los temores a un desastre nuclear, sin que los desesperados intentos por controlar la radiación hayan dado por ahora el resultado esperado. Por ello, la incertidumbre y la alarma siguen en aumento y desde Europa no se descarta tener que aprobar ayudas financieras para el Gobierno nipón.

La situación en Japón empezó ayer a ser desesperada. La declaración del comisario de Energía de la UE, Günther íttinger, calificando la catástrofe como una "apocalipsis fuera de control", no tenía nada de exagerada. Y es que la capacidad que había mostrado el Ejecutivo japonés para mantener a raya la temperatura y los incendios en la central de Fukushima se vio desbordada por los acontecimientos. Cuatro de los seis reactores de la planta estaban ayer afectados por los efectos del tsunami y del terremoto del viernes. Lo peor se concentraba en los reactores 2 y 3, que, según los primeros informes técnicos, podrían tener dañadas sus estructuras de contención, una de las capas de protección de un reactor en el caso de fuga. La situación más peligrosa, sin embargo, se podría producir en el reactor 3, el único de toda la central en el que se utiliza plutonio, mucho más nocivo que el uranio.

Sin embargo, las escenas más llamativas se produjeron en el reactor 2, donde los escasos operarios que trabajaban para extinguir los incendios (durante los primeros días el contingente destinado a estas tareas se elevó a 800 personas) lanzando agua desde helicópteros tuvieron que ser evacuados por los altos niveles de radioactividad. Una vez controlada la situación, se incorporaron a esas tareas más de 150 trabajadores para intentar bajar la temperatura en todos los reactores afectados.

Mientras tanto, el número de víctimas y de personas rescatadas sigue aumentando. Según los últimos datos oficiales, la cifra de muertos se eleva a 4.255 personas, el de desaparecidos a 8.194 y el de rescatados a 26.000.

Ayuda humanitaria

Pese a lo desesperada de la situación, el Ejecutivo japonés no ha ampliado la zona de riesgo, establecida a 30 kilómetros a la redonda de la central de Fukushima. Ayer ya surgieron las primeras voces que reconocieron que igual sería necesario apoyo del exterior.

De hecho, el Ejecutivo japonés ya ha solicitado formalmente a Estados Unidos ayuda para enfriar los reactores nucleares averiados, según desveló el presidente de la Comisión Reguladora de la Energía Nuclear (NRC), Gregory Jaczko. También el director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Yukiya Amano, se trasladará hoy jueves a territorio japonés para contribuir a una mejor coordinación en la gestión de la crisis nuclear.

Y no serán los únicos. El Gobierno chino anunció ayer que enviará 20.000 toneladas de combustible y 30 millones de yuanes (3,2 millones de euros o 4,5 millones de dólares) como ayuda humanitaria a Japón, según informó la agencia oficial Xinhua. Hasta el momento, China ha enviado 2.000 mantas, 900 tiendas de campaña de algodón y 200 luces de emergencia como asistencia a Japón.

Desde la Unión Europea también se están empezando a coordinar las primeras iniciativas. La ministra de Economía de Francia, Christine Lagarde, solicitó ayer una reunión extraordinaria de los ministros de Economía y Finanzas de los países miembros del G-7 y de los responsables de sus bancos centrales para coordinar una respuesta financiera a la crisis de Japón, que "podría incluir la compra de deuda pública nipona para asegurar la financiación de cara a la reconstrucción del país".

"La comunidad internacional tiene que estar a disposición de sus amigos japoneses", subrayó ayer Lagarde tras la reunión del Consejo de Ministros. El principal objetivo de la reunión sería, según la titular de Economía, analizar de qué manera es posible participar en las emisiones de deuda de Japón y explorar cómo se puede reaccionar "a nivel financiero" tras las acontecimientos de los últimos días.

Por su parte, el Gobierno alemán reconoció ayer que la revisión de su política nuclear y la suspensión cautelar por tres meses de siete centrales va a tener consecuencias legales, económicas y políticas para el país. El Ejecutivo de Merkel da por hecho que será preciso realizar modificaciones en el plan energético nacional, aprobado en octubre, por el que se prolongaba una media de 12 años la vida de las 17 centrales nucleares del país. En este contexto, el secretario de Estado de Finanzas, Hartmut Koschyk, anunció que las arcas públicas alemanas percibirán unos 200 millones de euros menos en concepto de impuestos sobre el combustible nuclear por este apagón atómico temporal. Se trata del gravamen que impuso en octubre el Ejecutivo germano a los consorcios energéticos que gestionaban centrales nucleares y que, en consecuencia, se beneficiaban de la prolongación de la actividad atómica. Esos recursos procedentes del gravamen estaban destinados a un fondo estatal para financiar el desarrollo de energías renovables.

Dudas sobre el futuro de las nuevas plantas en China

Si el martes fueron los Gobiernos europeos los que plantearon dudas sobre el desarrollo de la política nuclear, ayer fue China quien anunció la suspensión del proceso de aprobación de nuevas plantas nucleares.

El Consejo de Estado pidió ayer, tras una reunión presidida por el primer ministro, Wen Jiabao, que se lleven a cabo controles de seguridad en las plantas existentes. "Se suspenderán temporalmente las aprobaciones de los proyectos nucleares, incluidos los que se encuentran en su fase preliminar de desarrollo", indicó el organismo.

Sin embargo, China National Nuclear, el mayor operador de plantas atómicas, aseguró que podría emitir una cantidad récord de bonos para financiar su expansión. "El accidente nuclear no tendrá ningún impacto serio en el sector nuclear de China y no alteraremos nuestros planes de desarrollo a largo plazo", dijo ayer el presidente de China National, Sun Qin, en una entrevista en Pekín. En estos momentos, China cuenta con 13 centrales nucleares en cuatro complejos distintos y 28 reactores más en construcción. Tiene intención de construir decenas de centrales más para reducir su dependencia del carbón.

Menos actividad de las grandes compañías

Suzuki. La montadora japonesa de coches mantendrá cerradas sus plantas hasta el próximo domingo día 20, a pesar de que ninguna de sus instalaciones resultaron dañadas por el terremoto ni el tsunami.

Toyota. La marca nipona prevé reanudar hoy la producción de piezas de recambio, incluyendo las destinadas al mercado internacional. No obstante, mantiene paralizada la producción de vehículos en todas sus factorías de Japón. La marca podría estar perdiendo unos 80 millones de dólares diarios (58 millones de euros) al mantener las plantas cerradas, según los analistas.

Inditex. La multinacional española, que cuenta con 63 tiendas en Japón, aportará un millón de euros (114 millones de yenes) para contribuir a los trabajos de emergencia que está realizando Cruz Roja Internacional.

Sector financiero. Pese a que la mayoría de compañías extranjeras advierten a sus plantillas que la situación no es grave, otras, especialmente instituciones financieras, han optado por recomendar a sus empleados que abandonen el país o que trabajen desde hoteles en ciudades del sur de la isla, como Osaka. Esta última ciudad está ahora repleta de extranjeros que han decidido alejarse de la provincia de Fukushima.

Reacciones

Alemania: el Gobierno germano anulará el plan energético para alargar la vida de las nucleares. Supondrá un coste de 200 millones en impuestos para las arcas públicas.

China: Pekín anunció ayer que enviará 20.000 toneladas de combustible y 3,2 millones de euros.

Estados Unidos: Japón ha pedido al Gobierno de Barack Obama ayuda para lograr enfriar los reactores de la central nuclear de Fukushima.