Traspié de imagen

Dior dice hoy adiós a Galliano y busca recambio de perfil bajo

Su despido puede desencadenar un baile de grandes diseñadores.

Dior dice hoy adiós a Galliano y busca recambio de perfil bajo
Dior dice hoy adiós a Galliano y busca recambio de perfil bajo

Hoy será su adiós a la pasarela. Aunque en un mundo dominado por la excentricidad y los golpes de efecto en solo unos meses podríamos asistir al renacer de John Galliano. El diseñador gibraltareño aterrizó en la maison Dior hace 15 años con la intención de revitalizar la división femenina de uno de los nombres con más tradición dentro de la alta costura parisina. Su labor en Givenchy lo precedía y su estilo hizo el resto.

La mayoría del accionariado de Dior (el 69,4%) está en manos de Bernard Arnault, el dueño de Moët Hennessy Louis Vuitton (LVMH). El gran gigante de la moda gala no puede permitirse un traspié de imagen. Sobre todo si este va vestido de antisemitismo y procede de un diseñador al que, prácticamente, se ha permitido casi todo. Galliano decidió ayer suspender el desfile que el domingo iba a realizar bajo la marca que lleva su nombre. Una enseña que ha desarrollado de forma paralela a su labor en Dior.

Hace tiempo que Galliano había dejado de ser el deslumbrante enfant terrible que encandiló a Arnault. Sus coqueteos con el alcohol, sus desequilibrios emocionales y su preocupante pérdida de peso le llevaron a desentenderse de su labor al frente de la firma. Aunque en los grandes desfiles seguía haciendo gala de sí mismo, su equipo estaba detrás de sus deslumbrantes colecciones.

La alta costura de Christian Dior ingresó 826 millones de euros en el ejercicio 2010

Al margen de su estilo, Galliano ha sido un acierto. Christian Dior Group cerró el ejercicio 2010 con un volumen de ingresos de 21.123 millones de euros. En solo un año sus ventas se han disparado un 19% gracias, sobre todo, a los pujantes consumidores chinos. Solo en alta costura, sus ingresos alcanzaron los 826 millones.

Los posibles sustitutos

Si Dior sigue el camino más fácil, todo apunta a que la futura casa parisina estará dirigida por Ricardo Tisci. Desde 2005, el modisto italiano está al frente del diseño masculino de Givenchy (también bajo el paraguas de LVMH). Replicaría así el devenir de Galliano. Aunque no sea tan excéntrico como el gibraltareño, su elección supondría un movimiento de continuidad. No en vano, en sus últimos desfiles Tisci llamó la atención vistiendo a los modelos masculinos con máscaras y minifaldas. Sea o no Tisci, el baile de diseñadores ha comenzado. Su papel en Givenchy podría ocuparlo Haider Ackermann o Guillaune Henry, quien ha recolocado en el mapa la tradicional marca Carven. Ambos son dos jóvenes promesas y Dior podría llegar a dar la campanada si se decanta por ellos.

Más posibilidades tiene Hedi Slimane, fotógrafo además de diseñador, quien ya trabajó para Dior hasta 2002. Pero su fama de esquivo al control de las grandes corporaciones complicaría su elección. Su nombre también ha sonado para otra gran firma, Yves Saint Laurent -perteneciente al grupo PPR- que no ha recuperado la notoriedad alcanzada de la mano de Tom Ford. Otra opción es Alber Elbaz, quien desde hace tiempo se perfila como sustituto de Karl Lagerfeld en Chanel, quien tiene previsto jubilarse en 2012. Elbaz, de origen israelí, tiene en su haber el relanzamiento de Lanvin y el reconocimiento de la crítica especializada.

Un mundo de egos en manos de multinacionales

A simple vista, el mundo de la moda está repleto de grandes nombres, de egos y apariencias. Pero en realidad, su gestión y su día a día está en manos de grandes multinacionales. Principalmente de dos gigantes franceses: PPR y LVMH. El primero tiene en cartera marcas como Gucci, Yves Saint Laurent, Balenciaga, Bottega Veneta, Stella McCartney y Alexander McQueen. Esta última enseña sigue adelante tras el fallecimiento de su creador, de la mano de su colaboradora Sarah Burton. No en vano, una de las principales características de las grandes firmas de la moda es su continuidad en el tiempo, más allá de los creadores que las han dado nombre.

Louis Vuitton, Loewe y Givenchy son claros ejemplos de esta continuidad al margen de tendencias, aunque en el caso de estas tres últimas lo hacen bajo control de LVMH, que también posee Donna Karan, Marc Jacobs o Kenzo. Aunque aún hay nombres que se reservan su independencia, como Jean Paul Gaultier, quien abandonó Hermès para preservar su estilo, y la británica Burberry, que continúa fiel a su diseño al margen de las grandes multinacionales. En EE UU también hay emporios. La firma neoyorquina Phillips-Van Heusen tiene bajo control dos grandes: Calvin Klein y Tommy Hilfiger.