Cinco Sentidos

Muestra temporal, ¿cultura o negocio?

Los museos cautivan al público con exposiciones provisionales de elevados costes de transporte y aseguración.

Muestra temporal, ¿cultura  o negocio?
Muestra temporal, ¿cultura o negocio?

La cultura popular, y en especial los aficionados que no terminan de disfrutar los intríngulis del cubismo, ha difundido sin límites la afirmación de que Pablo Picasso fue un maestro en todas las modalidades pictóricas. Efectivamente así fue, y pueden encontrarse en las inmensidades de su obra ejemplos canónicos de realismo.

Admirar el dominio de las formas clásicas por parte del pintor malagueño en Escena de playa (1920) u Olga (1923) supone una de las excusas para visitar el Museo Guggenheim Bilbao durante los próximos tres meses. La exposición temporal Caos & Clasicismo, desarrollada con patrocinio de la Fundación BBVA, contiene esta y otras sorpresas con las que el Guggenheim pretende renovar el interés de los ciudadanos por su colección.

"La razón de ser y la misión fundamental del museo es acercar la cultura plástica a los ciudadanos y hacerlo de forma atractiva", declara Juan Ignacio Vidarte, director del Museo Guggenheim Bilbao. "Las exposiciones representan un concepto muy importante en nuestra programación, que tiene un enfoque muy dinámico. Nuestro objetivo es que cada vez que un visitante venga a vernos tenga un atractivo nuevo, y que disfrute de una experiencia enriquecedora diferente a la anterior", apostilla.

Vidarte subraya que las muestras temporales permiten que el museo pueda redescubrirse periódicamente ante la sociedad. "Si no tuviéramos estas oportunidades, sería muy complicado conseguir esta visibilidad".

A tenor de los datos, la institución viene consiguiendo esta relevancia. En 2010 el emblemático edificio construido por Frank Gehry ha registrado un aumento de la cantidad de visitantes del 6% respecto al año anterior, hasta los 956.417. La cifra fue lograda gracias al tirón de la exposición dedicada al arte holandés y flamenco de la Edad de Oro.

Para el director gerente del Museo Thyssen-Bornemisza, Miguel Ángel Recio, la relación de la institución con las muestras temporales es de simbiosis. "Lo que sucede es que el museo vive gracias a las exposiciones, pero las exposiciones viven gracias al museo", precisa.

En el caso de la pinacoteca madrileña, a las exposiciones temporales sí puede asistirse en una visita separada. Recio afirma que este tipo de muestras captan mayoritariamente visitantes nacionales, ya que los extranjeros acuden atraídos por la colección permanente. La influencia de las temporales en el cómputo global de visitantes refleja la relevancia económica de las mismas para el museo. Mientras que en 2010 la colección permanente recibió 821.099 visitas (un 2,4% más que en 2009), la muestra temporal más visitada del pasado ejercicio, Monet y la abstracción, registró 176.640, seguida a poca distancia por Jardines impresionistas con 173.674.

Más llamativo resulta el caso del Museo del Prado. La cifra de visitas que recibieron sus exposiciones temporales representa la mitad del cómputo total de visitantes de la colección permanente, situada en 2,7 millones. El Prado, que gracias a su envergadura financiera puede aceptar el desafío de llevar a la práctica destacados proyectos, se ha llevado hasta la fecha los mayores éxitos de ventas en este campo, como la recopilación de la obra de Joaquín Sorolla, que recibió la visita de más de 450.000 visitantes.

Desde un punto de vista financiero, el director gerente del Thyssen-Bornemisza indica que el balance de cada exposición es diferente. Calcula que los costes de preparar estas muestras, en ocasiones bastante elevados, oscilan entre los 600.000 y el millón de euros. El transporte de las piezas que conforman la exposición y el seguro para las mismas constituyen los capítulos más gravosos para los museos. Según Vidarte, del Guggenheim, el traslado de piezas que en ocasiones se encuentran a miles de kilómetros puede representar hasta el 70% de los costes del proyecto. A estos se añaden otros gastos derivados del proceso previo de investigación necesario para conformar la exposición y la localización de las piezas, así como los costes del montaje, que pueden variar en función de la espectacularidad.

En este sentido, el director del Museo Reina Sofía, Manuel Borja, distingue entre las exposiciones relacionadas con las vanguardias históricas, donde "lo caro es el seguro y el transporte", y las muestras protagonizadas por obras contemporáneas, con gastos de producción y acondicionamiento de instalaciones más elevados.

Recio precisa que para compensar los gastos el Thyssen-Bornemisza desarrolla diferentes estrategias comerciales que incluyen, además de los ingresos percibidos por el cobro de la entrada, patrocinios, venta de merchandising específico de la muestra y alquiler de la sala para eventos privados.

Esta aventura económica se torna necesaria para las principales plazas museísticas de España. El Museo Reina Sofía destina la nada desdeñable cantidad de cinco millones de euros, sobre un presupuesto total de 40, al desarrollo y celebración de exposiciones temporales.

El director del museo, Manuel Borja, subraya que la sala ha sido capaz de mantener e incluso aumentar la cantidad de muestras temporales que celebra al año gracias a sus políticas de coproducción (colaboración con otras entidades) e itinerancia (préstamo de la colección a otras salas de exposiciones).

Destaca que la estrategia del Reina Sofía, que tiene una entrada única para la colección permanente y las temporales, no ha sido de blockbuster, es decir, de búsqueda de taquillazos.

"Nuestras exposiciones van dirigidas a públicos muy específicos. Es la apuesta que se hizo hace tres años y que tiene como objetivo fidelizar al público", asegura Borja, quien subraya que esta apuesta ha tenido resultados en términos económicos y de afluencia de visitantes. "En la evolución de la taquilla en los últimos años no se han producido altibajos, sino que ha sido de crecimiento gradual", afirma. Efectivamente, de los 1,5 millones de visitantes que recibió el museo en 2007 ha pasado a 2,3 millones en 2010.

Por último, los directores de los museos subrayan que la participación en exposiciones temporales de otros museos supone dar visibilidad y poner en valor las obras de la colección propia. Al mismo tiempo, permite recibir en contrapartida las obras de otros museos que pueden exhibirse en exposiciones temporales. La sinergia es evidente.

Grandes citas del año

Chardin: a partir del 1 de marzo el Museo del Prado acoge 57 piezas del francés Jean Simeon Chardin.

Brancusi y Serra: dos iconos de la escultura del siglo XX protagonizarán una exposición del Guggenheim Bilbao a partir de octubre.

Antonio López: el pintor hiperrealista estará presente en el Thyssen a partir de junio.

Fotografía obrera: el Reina Sofía ha seleccionado una serie de reportajes sociales del periodo comprendido entre 1926 y 1939.

Las cifras

70 % de los costes puede representar el gasto de transporte de las piezas.

1 millón de euros es el presupuesto medio de una gran exposición museística.

'La Esclusa' se queda en el Thyssen

El director gerente del Museo Thyssen, Miguel Ángel Recio, ha afirmado que La Esclusa, del pintor inglés John Constable, seguirá perteneciendo a la colección permanente de la institución, en contra de las informaciones aparecidas en la prensa en las que se rumoreaba que la baronesa Thyssen, dueña del cuadro, planeaba venderlo por 40 millones de euros.

Es el último capítulo de la polémica que ha tapizado la renovación del acuerdo entre Tita Cervera y el Ministerio de Cultura, por el cual se prorroga durante un año más el depósito gratuito de la colección de la baronesa en el museo, que está formado por obras representativas de la colección permanente de la sala.

"Hay cuadros que podrían salir de la colección de la baronesa", explica Recio, pero a día de hoy no se ha planteado esa posibilidad al patronato que gestiona el Museo Thyssen.

Recio lamenta que estos rumores hayan relegado a un segundo plano una buena noticia para el museso, que es el alargamiento del préstamo, al tiempo que manifestó que "lo deseable" es que la colección de la baronesa se integre algún día en la colección del museo. Especificó que para que esto ocurra es necesario un acuerdo entre el ministerio y Tita Cervera.

La colección de la baronesa está formada por 655 obras, de las que 240 forman parte de la exposición permanente del Thyssen.

Cuando la serenidad inundó la vanguardia

El Museo Guggenheim Bilbao acoge hasta el 15 de mayo la muestra Caos & Clasicismo en la que el comisario Kennet Silver, catedrático de Arte Moderno de la Universidad de Nueva York, analiza el retorno al orden y la belleza clásica de autores representativos de las vanguardias durante el periodo de entreguerras en Italia, Alemania y Francia. Procedente del Guggenheim de Nueva York, la muestra bilbaína incluye la versión española de esta tesis.

A pesar de la impresión teórica que en principio sugiere el hilo conductor de la exposición, la tesis expuesta por Silver está al alcance del común de los visitantes. La influencia de la antigüedad clásica puede notarse en el trabajo de grandes maestros de la época, como Pablo Picasso, Georges Braque, Carlo Carrá o Fernand Léger.

Así, la muestra recoge el deseo de estos artistas de poner al individuo por encima de todo en una reacción, por lo demás lógica, ante el caos creativo de las vanguardias y las tragedias de la Gran Guerra. Son pinturas (y también esculturas, trajes y edificios) que destacan por su belleza canónica y la pureza de líneas.

Sin duda, uno de los grandes aciertos de Silver ha sido encajar su tesis en un contexto histórico controvertido, el ascenso de los fascismos. Ha sabido transmitir de forma objetiva lo que la vuelta al orden representaba para diferentes puntos de vista políticos.