EDITORIAL

La lógica nuclear se impone

Echar el cierre a una instalación eficiente, capaz y segura va contra la lógica económica. Es lo que pretendía hacer el Gobierno hasta ahora -y antes de la reunión Mas-Zapatero- con los reactores nucleares españoles, cerrarlos cuando lleguen al límite establecido de 40 años e ignorar la tendencia de otros países avanzados para aprovechar, con todos los controles de seguridad pertinentes, más tiempo esas instalaciones.

Pero una enmienda a la Ley de Economía Sostenible de CiU, pactada en el Senado con PSOE y PNV y acordada con el PP, elimina el final de las siete nucleares a los 40 años -la octava, Garoña, la más antigua y pequeña, condenada a cerrar en 2013, no debía quedar excluida-. Así se abre la puerta, con toda la lógica y si las empresas titulares de las plantas así lo solicitan, a que el parque nuclear español prolongue su vida más allá de 2021, cuando llega a los 40 el primer reactor, Almaraz I.

El plan de operación a largo plazo, que maneja hace tiempo el sector y que consiste en llevar de 40 a 60 años la vida de los reactores, toma así más cuerpo. Con los adecuados controles en materia de seguridad, técnica y de gestión de residuos, y teniendo en cuenta la evolución de la demanda, las nuevas tecnologías, los costes y seguridad del suministro y la dependencia energética de España, no hay razón lógica -solo ideológica- para desaprovechar estas eficaces instalaciones.