El mayor laboratorio tecnológico

La ciudad del futuro se encuentra en Santander

Desde luego no cumple con la estética de Blade Runner y poco se parece a Matrix. Ningún tinte futurista que sea evidente al ojo no avisado, ni que alerte de que se está en un lugar que sea distinto a cualquier otro. Realmente, sigue siendo Santander, con el mar Cantábrico, el puerto y la playa de El Sardinero. Pero también es otra cosa: el laboratorio tecnológico más grande de Europa y, posiblemente, del mundo, según sus responsables.

Y es que Santander se ha convertido en el paradigma de ciudad inteligente. Quince socios, liderados por Telefónica y la Universidad de Cantabria, se unieron un día de 2009 para presentar a la Comisión Europea un proyecto capaz de movilizar a universidades, empresas e instituciones de dos continentes y a administraciones públicas de distinto signo con el objetivo de convertir a una ciudad del Norte de España en el mayor embrión del internet de las cosas. ¿El nombre?: SmartSantander. Compitieron con 24 contendientes con proyectos de todo tipo y ganaron.

La iniciativa recibió 8,67 millones para desarrollarse hasta septiembre de 2013. Seis millones proceden de fondos europeos y otro medio millón del Gobierno regional cántabro, como señal de su implicación.

Todo ello, para crear el mayor experimento real de internet de las cosas. Y no es que no haya habido otros, porque se cuentan por miles las iniciativas, pero siempre han sido en entornos más limitados o en laboratorio, protegidos de distorsiones. "El reto es dar el salto al mundo real, donde surgen problemas y hay interferencias", explica José Manuel Hernández-Muñoz, coordinador del proyecto desde Telefónica I+D.

Y esto fue lo que llamó la atención a la Comisión Europea: la escala y la apuesta por el internet de las cosas, la próxima gran agitación que se avecina. "Se dice que internet revolucionó el siglo XX; internet de las cosas será la revolución del siglo XXI", sentencia Luis Muñoz, investigador principal de SmartSantander desde la Universidad de Cantabria.

Casi dos años después de ganar la convocatoria, el proyecto ha salido ya de la fase inicial en laboratorio y ha empezado a extenderse por Santander. Ahora toca desplegar la infraestructura, que consiste en miles y miles de sensores, hasta superar los 20.000, que recogerán información por toda la ciudad y alrededores con muy distintos cometidos.

En la fase que dura hasta el próximo mes de mayo, el objetivo es mejorar la gestión del tráfico y del aparcamiento. Gracias a estos sensores se sabrá dónde están aparcados los coches y dónde hay plazas libres, lo que permitirá informar a los conductores desde pantallas en las calles o a través de mensajes al móvil. ¿Resultado? Los automóviles se evitan dar vueltas innecesarias en busca de un sitio, lo que reduce el consumo y la desesperación para ellos y la contaminación para los demás.

Con la tecnología desplegada, estos sensores permitirán también controlar si quien aparca en una zona reservada a personas con discapacidad tiene derecho a ello y lo mismo con la carga y descarga o las paradas de autobús.

El ahorro estimado en emisiones con estas medidas es del 20%, según los cálculos de Luis Muñoz.

Santander tendrá igualmente capacidad no solo para controlar la contaminación al milímetro, sino para avisar a la población de dónde es mejor no ir. La medición de los alérgenos es también posible, así como del nivel de ruido.

La siguiente fase, que va hasta mayo de 2012, continuará aumentando el número de sensores desplegados por la capital cántabra, que se usarán para cometidos todavía por identificar. Posiblemente, algunos estén relacionados con la gestión de residuos -¿por qué enviar un camión a vaciar un contenedor que todavía no está lleno?-, del alumbrado o del consumo energético en sitios públicos. Pero otros están por descubrir porque así lo contempla el proyecto. Se trata de crear un entorno abierto, donde otras empresas ajenas al consorcio puedan experimentar, un campo de pruebas donde se escuche el sentir ciudadano y de sus gobernantes en busca de nuevos servicios y utilidades.

La última andanada llegará hasta el mar, con sensores destinados al control de las aguas, del medioambiente y del estado de las playas.

En esta tarea están Telefónica y la Universidad de Cantabria, junto a Alcatel Lucent, Ericsson y universidades e institutos tecnológicos y de investigación de varios países europeos y de Australia. Hay una clara vertiente tecnológica en el proyecto, una necesidad de redes de telecomunicaciones que soporten el sistema, pero también una inteligencia capaz de gestionar los datos y la información que se recibe. Pero en SmartSantander también hay lugar para el estudio de la sociedad, de sus comportamientos y necesidades. El objetivo es descubrirlas y darles respuesta desde una perspectiva no invasiva de la intimidad, porque también esa vertiente está comprometida y se está investigando.

Todo ello, como mecanismo para que un uso intensivo de las telecomunicaciones encuentre la sostenibilidad y la eficiencia que serán indispensables en las ciudades del futuro.

Más de 20.000 sensores controlarán el aparcamiento o la contaminación

Que Santander se esté convirtiendo en una ciudad inteligente es fruto del esfuerzo de muchas instituciones y empresas, pero también del apoyo europeo. Y ahí está la clave de que el experimento se convierta en una realidad exportable o se quede como un campo de pruebas más; eso sí, de gran tamaño.

¿Sobrevivirían estas iniciativas sin ayudas? ¿Irán otros ayuntamientos detrás de Santander? ¿Serán Gijón, Barcelona o Sevilla ciudades inteligentes en el futuro? La respuesta la tiene la rentabilidad en todos los frentes. Las operadoras deben conseguir servicios innovadores que compensen su participación y los ayuntamientos deben sacar réditos. En eso están de acuerdo los dos expertos al frente del proyecto, Luis Muñoz y José Manuel Hernández-Muñoz.

El primero ve clara la rentabilidad para las instituciones públicas. "Con menos contaminación se reduce el número de enfermedades bronquiales y, por tanto, los gastos sanitarios. Lo mismo sucede con el control de los alérgenos", explica. Desde la perspectiva de Telefónica, el interés también está claro. "El crecimiento de las telecomunicaciones no va a venir por la voz y tampoco en tanta medida por los datos. Las comunicaciones entre máquinas, el M2M, son las que cuentan con unas previsiones de crecimiento más altas y donde se abren muchas posibilidades de negocio", señala José Manuel Hernández-Muñoz.

Pero las oportunidades van más allá de las instituciones y empresas en teoría más directamente implicadas. ¿Cómo no va a ayudar a una compañía de gestión de residuos conocer exactamente adónde tienen que ir sus camiones y qué contenedores se pueden saltar? O las concesionarias de autopistas, para conocer los flujos de tráfico. Eso sí, los expertos también coinciden en que el momento puede no ser el mejor, pero, antes o después, se implantará.

Acuerdo bicolor

l Una de las bazas que más gustó en Europa y que le está dando mucho de su impulso es el compromiso de dos Administraciones de distinto signo con la iniciativa. Son el Ayuntamiento de Santander (PP) y el Gobierno regional, del PSOE y el Partido Regionalista.