Discurso sobre el estado de la Unión

Obama demanda unidad para asegurar el futuro como potencia de EE UU

El presidente de EE UU usó hasta 16 veces la palabra "futuro" ayer en su discurso anual del estado de la Unión. Fue una alocución en la que Barack Obama conminó a la unidad política y nacional para lograr el crecimiento de la economía y una mejora de la competitividad del país que le permita asegurarse su papel como potencia en un mundo cada vez más competitivo y complejo.

Obama durante el Discurso de la Unión
Obama durante el Discurso de la Unión

Obama usó ayer por la noche sus dotes de gran inspirador y narrador para dar cuenta de los retos que tiene el país por delante en el marco de un mundo cambiante y en el que EE UU tiene que asegurarse su plaza como potencia en pugna con países en los que el crecimiento es mucho mayor y se están dando mayores pasos para crecer con fuertes inversiones en educación, tecnología e infraestructuras. El presidente, que tiene que gestionar una economía cuya lenta recuperación no está trasladándose al mercado laboral, habló constantemente de "ganarse el futuro". Es una idea en la que combina la necesidad de que el Estado sigua invirtiendo en áreas claves como las tecnologías limpias, el tren de alta velocidad y la educación, pero, a la vez, asegurar la sostenibilidad de las cuentas públicas con medidas para recortar el déficit y la deuda que se ha incurrido a lo largo de los años.

En este sentido y como ya se anticipaba, Obama propuso ampliar de tres a cinco años la congelación del gasto de algunos programas del Gobierno y avisó que va a vetar las earmarks, es decir los gastos en proyectos favorecidos por legisladores, de forma individual, o amparados por lobbies. Con ello, se trata de dar los primeros pasos para reducir el déficit en 400.000 millones de dólares.

Para Obama, el fin de la recesión permite ahora enfrentarse a problemas que "se han fraguado en las últimas décadas". El jefe del Ejecutivo dedicó buena parte de su discurso a defender políticas de mejora de la educación, la reforma de la sanidad recién aprobada y la necesidad de invertir en Investigación y Desarrollo.

Pero si el énfasis lo puso en inspirar y relatar los retos que tiene ante si EE UU en un mundo cambiante, Obama no usó la tribuna de oradores para exponer nuevas propuestas políticas o iniciativas legislativas. Es algo que completa la imagen pragmática de un líder que hace así saber que es consciente de las limitaciones ya no solo administrativas o de caja, sino también las políticas. Ahora, el presidente tiene que pactar con un Congreso mucho más hostil desde la derrota cosechada por su partido en las elecciones legislativas del pasado noviembre.

El presidente no ofreció planes concretos para asegurar la sostenibilidad de las pensiones o el Medicare (la medicina para personas mayores de 65 años) y que son los grandes y crecientes problemas del presupuesto. A lo que si que estuvo abierto es a una reforma del código tributario aunque tampoco dio detalles de por dónde quería ir más allá de reducir el impuesto de sociedades, los agujeros fiscales o acabar con las rebajas impositivas aprobadas por George Bush al 2% más rico de la población.

Entre sus objetivos de carácter económico, sin concretar, está la reforma de la ley de inmigración y una vez más la reducción de la dependencia de EE UU de combustibles fósiles altamente contaminantes

Consciente de que se está creando una fuerte animadversión popular contra el Gobierno y el papel de este en la sociedad, la base de la filosofía libertaria y en buena medida del movimiento ultraconservador Tea Party, el presidente optó por aceptar que se necesitaba un ejecutivo más ágil pero no menos activo. Un Gobierno que pueda jugar un papel vital para crear las condiciones en las que mejorar la competencia global de EE UU.

Con un discurso cargado de optimismo, guiños al más puro nacionalismo y homenaje a la leyenda de las posibilidades del país, Obama fue aplaudido en muchas ocasiones por ambos partidos pero como suele ser habitual provocó más ovaciones entre los miembros de su partido, el demócrata. Los legisladores de ambas formaciones políticas se sentaron mezclados, y no cada uno en lados opuestos de la sala. Se hizo para transmitir una idea de unidad de propósito y buenas relaciones en el Congreso tras el atentado que ha dejado severamente herida a la congresista demócrata Gabrielle Giffords y que costó la vida a seis personas hace apenas unas semanas.