Pistas

Marbella Club, de paraíso en verano a refugio en invierno

El pionero de la movida marbellí ofrece durante todo el año talasoterapia y gastronomía de primer nivel.

La historia de Marbella Club es la de cómo un pequeño pueblo de pescadores de la costa andaluza puede llegar a convertirse en una urbe enriquecida por el turismo, la construcción y otras industrias. La cuenta como nadie el conde Rudy -fundador junto con el príncipe Alfonso de Hohenlohe-Langenburg de Marbella Club-, quien todavía conserva en su memoria las anécdotas producto de la convivencia de los lugareños con el exótico grupo de amigos del príncipe.

"Alfonso fue un visionario", asevera el conde Rudy. Su padre visitó la ciudad en los años cuarenta y le encargó que comprara una finca para construir una casa en la que la familia y sus amigos pudieran pasar las vacaciones. Con el paso de los años, el hogar de los Hohenlohe fue ganando adeptos hasta que en 1954 la convirtieron en el primer hotel de lujo de la zona, el Marbella Club. Desde entonces, el alojamiento se erigió en el ejemplo más vistoso de la cultura bohemia, las fiestas y el savoir vivre de los turistas que invadían Marbella en los sesenta y los setenta.

Aquellas fiestas, frecuentadas por Brigitte Bardot o Sean Connery, destacaban por su espontaneidad. Eran posibles, según el conde Rudy, debido a que los invitados se quedaban en el hotel durante varias semanas y trababan amistad. Hoy en día el valor añadido de Marbella Club está más relacionado con el lujo sencillo, que en invierno se convierte en un retiro casi espiritual.

"Ofrecemos una vivencia extraordinaria", afirma Carlos Quereda

"Creemos de verdad que nuestros clientes buscan una vivencia extraordinaria, algo por lo que siempre se está dispuesto a pagar un poco más. Nos diferenciamos por nuestros altos estándares de servicio y calidad, exclusividad y estilo, fórmula magistral que ha seducido a gran número de celebridades internacionales durante más de cinco décadas", afirma Carlos Quereda, director de marketing y ventas de Marbella Club.

Una de sus apuestas es el Thalasso Spa, especializado en talasoterapia con una piscina abastecida cada día con agua fresca del Mediterráneo. Sus responsables cuentan que muchos clientes acuden en noviembre y diciembre solo para disfrutar de sus tratamientos de salud y belleza. Sus restaurantes, abiertos todo el año, son otro de los ganchos que seducen a clientes del hotel y marbellíes, que acuden al bufé Beach Club, al tradicional Grill -espectacular la crema de carabineros o el solomillo de ternera blanca del chef Juan Gálvez-, al MC Café o al MC Beach.

Golf y jardines tropicales

A pesar de sus 84 habitaciones y 37 suites, además de villas con nombres tan pintorescos como los de Romeo y Julieta, la apariencia de Marbella Club está lejos de la de un hotel multitudinario, ya que las instalaciones del hotel están repartidas en numerosos edificios y rodeadas por un jardín de 42.000 metros cuadrados. Es un jardín muy especial, ya que contiene especies traídas de los viajes del príncipe Alfonso por lugares exóticos en México o Kenia. Palmeras y yucas se mezclan con pinos y naranjos, así como con fuentes, bancos y misteriosos rincones en los que perderse.

Completan el complejo los campos de golf, otro de los señuelos para sus clientes, ya que Marbella Club cuenta con su propio recorrido de 18 hoyos.