José Antonio Arcila. Fundador de Arcila Abogados

"Mucha gente no llegará a socio porque las firmas no dan más de sí"

De socio de una gran firma a abogado independiente. Tras 37 años en Baker & McKenzie, donde ha hecho todo lo que se puede hacer en un bufete internacional, José Antonio Arcila habla de abogacía y de futuro

"Mucha gente no llegará a socio porque las firmas no dan más de sí"
"Mucha gente no llegará a socio porque las firmas no dan más de sí"

Baker & McKenzie llevaba solo seis años en Madrid cuando un joven recién licenciado apellidado Arcila llegó para poner orden en la biblioteca. Pese a no haber sido un estudiante vocacional, y sí un enamorado del griego y el latín, en poco tiempo organizó los libros, legajos y expedientes del despacho. Lo hizo con tal eficiencia que un día uno de los abogados le hizo la gran pregunta: "¿Podrías prepararme una nota sobre el litisconsorcio pasivo necesario?"

"Al poco tiempo me dijeron: quédate, tú debes saber mucho", recuerda entre risas. En aquel momento, a principios de los setenta, España acogía la ola de las grandes inversiones internacionales. "Pero a mí me apasionaban los expedientes de oficio, esos que tenían sangre y moscas, y que siempre le tocaban a los abogados importantísimos como Jimmy Baker y Carlos Rubio, porque entonces todos los abogados ejercían obligatoriamente el turno de oficio". Luego vendría su estancia en Estados Unidos, su vuelta a Madrid, el encargo de poner en marcha la oficina de Barcelona y la fusión de Baker & McKenzie con Briones, Alonso & Martín, entre muchos otros hitos de su carrera.

Casi 37 años después, Arcila ha decidido poner anticipadamente en práctica la política que él mismo ayudó a instaurar en Baker & McKenzie en España. "Creo que la idea de carrera en una gran firma debe ser ésta: trabaja intensamente, sé socio durante unos años, los mejores de tu vida, y luego déjalo, vete, deja paso a los demás". En su caso, lo ha hecho a los 58 años, cuatro antes de los 62 que establece el despacho e impulsado por el deseo de salir del foco de presión que se soporta en las cúpulas de los grandes bufetes, tener más tiempo para dedicarse a abordar nuevos proyectos, cuidar la vida personal y familiar e incluso escribir.

"Mantenerse en la cresta de la ola a estos niveles es durísimo. Los socios de las firmas internacionales nos ganamos muy bien la vida, pero es muy duro. Tienes mucha presión encima, dedicas una enorme cantidad de horas, te vas a dormir y sigues dándole vueltas a las cosas, tienes que estar 24 horas disponible. No es fácil resistirlo más de 40 años".

Tras acordar esa salida se ha lanzado a un nuevo proyecto con una selecta y pequeña cartera de clientes de confianza -El Corte Inglés, Cessna Finance, General Dynamics y Proitec-. "Es como si hubiese estado en un gran portaaviones toda mi vida, donde éramos 14 almirantes, todos con nuestro receptor. Yo era entonces ese almirante que a veces abría un ojo de buey y veía navegar en un velero a un tipo que hacía lo que quería: ahora yo estoy en ese velero".

El velero se llama Arcila Abogados y descansa en dos pilares estratégicos: flexibilidad en equipos y tarifas y ausencia de gastos fijos. "Un alto porcentaje del trabajo lo hago yo mismo, además de tener el apoyo de gestores. Pero cuando el tema lo requiere trabajo en colaboración con el bufete Jiménez-Astorga, que cuenta con un equipo magnífico. Somos muy complementarios: ellos hacen sobre todo procesal y concursal mientras que yo estoy centrado en mercantil-contractual".

El ex socio de Baker & McKenzie no duda en definir su receta para afrontar la crisis. "He aprendido dos cosas: hay que ser flexible y hay que reducir gastos fijos. Si quieres tomar las Filipinas necesitarás siete portaaviones, pero si no vas a hacer algo tan grande es absurdo tenerlos".

Su intención ahora -explica- es centrar su actividad "en el derecho mercantil tradicional", aunque la conversación deja traslucir nuevas inquietudes y proyectos. "Me gustaría utilizar mis 30 años de experiencia internacional y de gestión en Baker & McKenzie para asesorar también a esas pymes familiares que en este momento están tratando de salir al exterior. Me atrae mucho la idea de convertirme en el trust adviser; el hombre de confianza que sabe Derecho, pero que sobre todo tiene bagaje internacional y capacidad de negociar ya sea en Japón o en EE UU".

¿Está la abogacía española sobredimensionada? "Está madura, porque en España hemos dejado de hablar de nombres de abogados para hablar de firmas y de equipos. El sector se ha desmitificado y eso es bueno", reflexiona. Pese a ello, sí reconoce que probablemente "existe cierta sobredimensión" tras años de crecimiento continuado. "Estamos empezando a ver a gente con diez años de experiencia que quieren ser socios y no pueden serlo; gente muy valiosa que no va a llegar a serlo porque las estructuras de los bufetes no dan más de sí".

Las primeras beneficiadas de ese tapón de talento que se ha formado en el sector son las empresas. "Es un magnífico momento para encontrar a gente valiosísima y ofrecerles un puesto de director de asesoría jurídica", advierte. En ese sentido, Arcila defiende la necesidad de un cambio. "No todas las firmas tienen una política de carrera como Baker & McKenzie y otras similares. Hay mucha gente a la que le apasiona su trabajo y no quiere irse. Pero si queremos evitar que los bufetes adquieran una estructura de pirámide invertida deberíamos dejar paso a los que vienen detrás".

El tránsito del gran socio al 'big solo'

¿Cómo se puede definir a un socio de un gran bufete que se establece por su cuenta?

En Estados Unidos tienen una palabra española para denominar el primer vuelo en solitario de un piloto: lo llaman el solo. Hace poco estuve allí y le comenté a un colega mi decisión de dejar Baker & McKenzie y empezar este proyecto. Y él me dijo: "You're a BigSolo". [Risas].

Usted conoce perfectamente el grado de presión que exige ser un socio en una gran firma internacional. ¿Cree que es realista la figura del socio a tiempo parcial?

En mi opinión, el socio a la carta no existe. Podemos tenerlo constitucionalmente en las firmas, pero en la práctica un socio tiene que estar disponible las 24 horas del día. Es posible que no te llamen, pero tienes que estarlo. Y a veces lo hacen: a mí me han despertado a las dos de la mañana con llamadas desde Estados Unidos diciendo: "si no fuera urgente no te despertaría". No es lo habitual, pero tienes que estar disponible. Lo que sí es habitual son las llamadas a las ocho de la mañana, a las diez de la noche o las conference call en tu casa después de llegar del despacho y sentarte a cenar.

¿Están dispuestas las nuevas generaciones a ese esfuerzo?

Estamos viendo un fenómeno que empezó en EE UU: los Dinks (double income no kids). Hoy los dos trabajan, ganan 50.000 euros cada uno, se van a esquiar, aún no hay hijos. No quieren que les digas que el fin de semana hay que hacer una due diligence para el lunes. Y es muy natural, pero también es un problema.