No se alarmen... por ahora

La ampliación por un mes, hasta el 15 de enero, del estado de alarma que por quince días decretó el Gobierno el pasado 4 de diciembre para resolver el plante pirata de los controladores aéreos trae a más de uno a mal traer.

Si descontamos a los 2.000 controladores y a la marabunta que vive de darle caña a Zapatero, aún quedan unos cuantos contra la continuidad del estado de alarma hasta que pasen de largo las fiestas navideñas, los Reyes Magos y unos días más. Esos son los que me interesan. Algunos van de pureza constitucional, otros de normalidad democrática, los hay que sienten inquietud por vivir en "estado excepcional" (sic) y quienes no soportan que los controladores sufran un estrés añadido si han asegurado que el 85% ya se van a comportar bien, aunque sea en Navidad.
Claro que los que más me gustan son los de siempre, esos que aseguran sin más ni más que el Gobierno hace esto porque no tiene otra salida... Pues claro, hombre, pues claro. ¡Si hubiera otra, no estaríamos en esta! El estado de alarma hasta después de Navidad es una elección entre lo malo y lo peor. No es lo mejor, pero sí lo menos malo, porque asegura algo tan básico como el derecho a la libre circulación.
Para los puristas, un par de textos legales que vienen a cuento, son de la Ley Orgánica 4/81 de 1 de junio, de los Estados de Alarma, Excepción y Sitio, publicada en el B.O.E. número 134 de 5 de junio de 1981:
1) "Artículo 4: El Gobierno, en uso de las facultades que le otorga el artículo 116.2, de la Constitución, podrá declarar el estado de alarma, en todo o parte del territorio nacional, cuando se produzca alguna de las siguientes alteraciones graves de la normalidad:
a) Catástrofes, calamidades o desgracias públicas, tales como terremotos, inundaciones, incendios urbanos y forestales o accidentes de gran magnitud.
b) Crisis sanitarias, tales como epidemias y situaciones de contaminación graves.
c) Paralización de servicios públicos esenciales para la comunidad, cuando no se garantice lo dispuesto en los artículos 28.2 y 37.2 de la Constitución, y concurra alguna de las demás circunstancias o situaciones contenidas en este artículo.
d) Situaciones de desabastecimiento de productos de primera necesidad".

¿A qué les suena ese apartado C?

Y, a los más interesados, que han tenido la paciencia de leer hasta aquí, les diré que los artículos 28.2 y 37.2 de la Constitución se refieren a los derechos a la huelga (ese famoso que sigue sin ser debidamente regulado en España) y a adoptar medidas de conflicto colectivo. Y las garantías citadas en ambos artículos no son otras que "las precisas para asegurar el mantenimiento (y el funcionamiento) de los servicios esenciales de la comunidad".
Con un billete de avión en el bolsillo para ir a ver a su familia en Nochebuena, ¿se fiaría usted del colectivo de marras? Hoy, yo no.

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