Comisión Presidencial para la reducción del déficit

En suspense el acuerdo para poner las cuentas en orden en EE UU

Con la renovación del Congreso, 2011 debe ser, ineludiblemente, el año en el que los demócratas y los republicanos empiecen a tender puentes entre ellos para no paralizar Washington en un momento económico crucial. De momento, hay quien está trabajando en los cimientos de uno de los más importantes. Se trata de la Comisión Presidencial para la reducción del déficit. Esta comisión bipartidista, fue creada por el presidente de EE UU, Barack Obama, el pasado mes de febrero y el mandato incluía la obligación de que hoy tuvieran preparado un informe con medidas para reducir el agujero presupuestario y la ingente deuda del país (13,7 billones de dólares).

El cemento que está usando la comisión es frágil y el proceso está tomando más tiempo del que se esperaba. El informe con las propuestas y la votación de los miembros de la comisión no llegará hasta el viernes. De hecho no hay completa seguridad de que se puedan conseguir los 14 votos de los 18 totales, que son necesarios para que las propuestas sean votadas en las cámaras. El borrador de las duras medidas a poner en marcha inspiradas por los copresidentes de la comisión, Erskine Bowles y Alan Simpson, se hizo público el 10 de noviembre y ya causó gran consternación. Desde entonces se ha trabajado para convencer al resto de los comisarios (la mitad de cada partido, igual que los copresidentes) de las bondades del plan y se han retocado algunos puntos. Pero el plan, sigue siendo duro.

La idea principal gira en torno a la reducción del déficit en 3,8 billones de dólares en 2020 y dejarlo en 400.000 millones en 2015, el 2,3% del PIB. Actualmente, el déficit ronda los 1,4 billones de dólares. Tanto Bowles como Simpson consideran que cualquier medida que se quiera poner en marcha se tiene que retrasar hasta 2012 porque la economía no está para shocks de ajustes en este momento.

Y ellos proponen muchos. Para empezar recortes de gastos en Medicare (la sanidad para mayores de 65 años financiada públicamente) y en el departamento de defensa. Es algo que siempre se ha considerado intocable. Se quieren 200.000 millones de dólares en recortes en gastos discrecionales en nueve años. La comisión propone dar una vuelta de tuerca a la idea de Obama de congelar el salario de los funcionarios federales durante dos años y añade uno más al ajuste de cinturón de estos trabajadores. Además considera necesario que no se cubran 200.000 plazas que se queden vacantes. Es decir, reducir la plantilla a 1,9 millones de personas.

Una de las cuestiones más controvertidas son las pensiones. Se plantean recortes en las prestaciones y el aumento de la edad de jubilación que pasará a 68 en 2050 y 69 en 2075.

En materia de impuestos, la cuenta es complicada. Se bajan los tipos impositivos para que el máximo sea un 29% en vez del 36% pero se eliminan muchas de las deducciones, muchas de ellas muy usadas por las rentas medias. En las últimas horas se está barajando si mantener o no algunas deducciones en los intereses hipotecarios, algo que en EE UU se extiende no solo a la primera vivienda sino también a la segunda. Esta es una deducción muy popular por la que se está luchando. En el impuesto de sociedades también habrá una rebaja de tipos pero se plantea la supresión de deducciones y agujeros lo que finalmente podría resultar en una subida de impuestos para personas físicas y jurídicas. Donde sí subirían los impuestos es en la gasolina, 15 centavos, para un carburante que tiene una mínima tributación. A última hora, se está pensado introducir una vacación fiscal en las contribuciones que empresarios y empleados hacen a la caja de las pensiones.

Simpson, uno de los proponentes de este severo cambio, explicaba ayer que en cualquier caso, "la era en la que se han negado los problemas de la deuda han acabado y no puede haber marcha atrás". En eso no parece que haya disputas, el problema es cómo encarar la solución. A los demócratas no les gusta el plan y tampoco a los republicanos, lo que demuestra que se ha hecho sobre unas bases bipartidistas. Paul Ryan, una de las figuras políticas de más peso en el Partido Republicano y miembro de la comisión decía hoy que no cree que su voto sea positivo. Un compañero de su mismo partido con más experiencia, Judd Gregg sugirió que votaría a favor y explicó que aunque hay cosas que no le gustan estaba "muy impresionado con la propuesta".

El viernes se sabrá si la comisión ha sabido poner los cimientos de este primer y complicado puente para el entendimiento y con planes para el futuro. De momento, se mantiene el suspense. Y si no se consiguen los 14 votos, la construcción será mucho más complicada y menos estable.