Crónica de Manhattan

Una cuenta atrás crucial

Washington está en constante cuenta atrás. Quedan días para que se presente el informe definitivo para establecer un plan para reducir el déficit. En unos meses habrá un pulso entre conservadores y demócratas para elevar o no el techo de la deuda del país. Pero sin llegar a 2011, la cuenta atrás más apremiante gira en torno a la decisión sobre qué hacer con los recortes fiscales de George W. Bush que acaban el 31 de diciembre.

James Kwak, coautor junto al economista del MIT Simon Johnson de un libro muy recomendable para entender la crisis actual, 13 banqueros, pidió hace unos días en una carta abierta a Barack Obama que ni se pelee por ellos con el Congreso. Que caduquen y punto. Esta no es la posición oficial de nadie en Washington.

El presidente quiere mantenerlos para quienes tienen rentas anuales de menos de 250.000 dólares al año. Los republicanos quieren que también sigan para los que ganan por encima de esa cantidad. Algunos demócratas creen que se podría subir el listón que separa a los unos de los otros hasta el millón de dólares. La diferencia para las cuentas públicas es un agujero en el déficit de distintas proporciones. Unos 3,7 billones de dólares con el plan conservador en 10 años y 700.000 millones menos con el de Obama.

¿La diferencia para la economía? Está por ver.

Los recortes fiscales se aprobaron por Bush para revitalizar el país tras la crisis puntocom y respondían a su idea de que cuanto más dinero tuvieran los americanos, más se filtraría en la economía. Es decir, habría más consumo y más inversión por parte de quien tuviera más recursos. Los recortes eran mayores para quienes ingresaran más.

Saber cómo se habría comportado la economía sin ellos es entrar en el terreno de la hipótesis, pero lo que es innegable es que sus efectos han sido relativamente limitados cuando su coste ha sido muy elevado para el déficit.

Desde 2001 a 2007 (año que empezó la recesión), el crecimiento medio anual del país ha sido del 2,4%. Del 1,6%, si se contempla la década entera. Es el periodo de menor avance desde la Segunda Guerra Mundial y solo rivaliza con los años setenta, cuando se creció a un ritmo anual del 3,2%.

Kwak admite la tesis de los economistas que creen que es mala idea subir impuestos en un entorno de crisis. Pero cree que el impacto negativo será modesto, "porque es un estímulo pobre".

Este autor dice que el efecto multiplicador de los recortes fiscales, máxime cuando el beneficio es mayor para rentas altas, es inferior al de cualquier otro gasto del Gobierno, incluidas las inyecciones de capital a los estados. Es algo de lo que pueden dar fe los empleados públicos de Nueva York, que verán desaparecer otros 10.000 empleos en 2012, debido, en buena medida, a que el estímulo fiscal de Obama en el que había transferencias a los estados se está acabando.

Kwak recuerda que para las rentas medias el ahorro del recorte es de 880 dólares anuales de media. Es una cifra importante, pero no tanto como para tener un déficit que justifique que se planteen recortes en pensiones y sanidad, como se empieza a pedir. Para la mayoría de las familias, las pensiones y la sanidad para los mayores y los más pobres son más importantes y valen más de 880 dólares