Sobre mandatos
Al final, la actuación y comentarios desde los dos principales bancos centrales mundiales se resumen en una cuestión de mandatos. La autoridad monetaria norteamericana apela al suyo de perseguir el pleno empleo con baja inflación para aplicar medidas monetarias poco ortodoxas. En el caso del Banco Central Europeo (BCE) se marcan diferencias entre las medidas tomadas hasta el momento para facilitar la liquidez en los mercados de su objetivo final de limitar la inflación al 2% a medio plazo. ¿Perciben discrepancias en la gestión de su política monetaria? Pues no existen. En ambos casos se trata de política monetaria expansiva, aunque la Fed la lleva a sus últimas consecuencias. Su mandato le permite esta mayor flexibilidad.
Ante la posibilidad, hace ahora dos años, de fijar un objetivo de inflación, el presidente de la Fed, Ben Bernanke, respondió que esto podría limitar margen de maniobra en el diseño de la política monetaria. Sin embargo, estoy convencido de que se habló de esta posibilidad en el último FOMC (Comité Federal de Mercado Abierto). Es más: en los últimos días algunos de los consejeros de la Fed han fijado en el 2% el nivel de inflación límite para comenzar a reducir su balance. Pero es verdad que su presidente sigue apelando a la necesidad de crear las condiciones financieras necesarias para reforzar la recuperación económica. ¿Burbuja de activos?, ¿caída del dólar?, ¿monetización del déficit? Desde la Fed se rechazan estos riesgos o simplemente se reitera el objetivo a medio plazo de pleno empleo.
Frente a la expansión de balance de la Fed, su colega europeo ha comenzado a retirar las medidas de facilidad de liquidez. Claro que por ahora rechaza que sea el momento de subir los tipos. "Ya veremos", se nos advierte. ¿De qué indicios hablamos a la hora de justificar una futura subida de tipos? Naturalmente, de la inflación. Mejor, de las expectativas de inflación. ¡Lo complicado que es determinar las expectativas de inflación! Encuestas y bonos indexados son los principales indicadores explícitos de inflación futura. Entre los implícitos estaríamos hablando del crédito, la liquidez e indicadores de economía real. ¿Y la evolución del mercado? Es complicado, muy complicado, tratar de determinar los excesos en los mercados. Pero esto los bancos centrales ya lo saben. El BCE no es una excepción.
Seguro que ustedes tendrán preferencia entre la gestión de la política monetaria por la Fed y desde el BCE. Algunos considerarán que los riesgos que corre el primero no compensan los beneficios de su reciente decisión. Otros, por el contrario, la alabarán como un intento casi desesperado de luchar contra un escenario de estancamiento económico y deflación. Una decisión excepcional, cierto que muy novedosa, para luchar contra un escenario impensable hace unos años. ¿Y por qué no permitir que una prolongada debilidad económica permita el ajuste de los desequilibrios y el exceso de endeudamiento anterior a la crisis? ¿Ustedes lo harían si fueran los responsables de la política monetaria? Recuerden, especialmente, que su mandato les obligaría a buscar el pleno empleo. Seguro que harían lo mismo que ha hecho la Fed. Y estoy convencido de que asumirán sus potenciales consecuencias. En el fondo, un coste limitado. Durante el fin de semana escuchamos a un miembro de la Fed vincular la futura recuperación del dólar a la recuperación de la economía. No hace falta ningún comentario más.
Pero ahora algunos congresistas norteamericanos, encuadrados en el Partido Republicano, pretenden recortar el mandato de la Fed. El objetivo sería redirigirlo al enfoque unidireccional del BCE. Bueno, probablemente la propuesta se quedará solo en esto: un debate teórico, poco fructífero a corto plazo. Pero que puede reforzar en Europa la posición del BCE en un momento en que algunos le critican por su nueva gestión de la crisis de deuda soberana europea. Su resultado lo veremos en las próximas semanas con un euro al alza, una vez que se haya aplazado en el tiempo el desenlace de la crisis de deuda soberana con la asistencia financiera a Irlanda. La rigidez es mala cosa en un mundo tan complejo como el actual. Aunque, en el fondo, más que la rigidez que otorga el mandato estaría mejor que habláramos sobre su excesivamente estricta interpretación. Espero que seamos capaces de aprender de los errores del pasado.
José Luis Martínez Campuzano. Estratega de Citi en España