COLUMNA

El control de precios en China

Preocupado por las mayores subidas de los precios en más de dos años, los Gobiernos locales chinos han sugerido límites de precios en algunas verduras para controlar la inflación. Pero China y los controles de precios tienen una historia triste. Tales medidas pueden fomentar el acaparamiento, desalentar la producción y crear escasez. No es de extrañar que el índice de referencia de Shanghái bajara un 4% tras conocerse la idea el martes.

Los precios de los alimentos y de la propiedad son preocupantes. La tasa de octubre fue de un 4,4% más alta que el año anterior, ya que la alimentación constituye un tercio de la canasta de bienes. Pekín había planteado elevar las tasas de interés por primera vez en dos años, pero el resultado ha sido poco visible.

Los controles de precios eran muy fáciles para la policía en una economía planificada. Ahora China tiene decenas de millones de supermercados de propiedad privada y comerciantes en el mercado. Esto no es como controlar el precio de la gasolina, cuyas dos refinerías son propiedad del Estado. Los minoristas buscan la forma de proteger sus beneficios. Las fuerzas externas también están en juego. Y no está claro quién correrá con los gastos. Si los supermercados se ven obligados a mantener los precios bajos, la medida afectará a los proveedores (agricultores). Y, en ese caso, el Gobierno tendría que intervenir con subsidios.

La raíz del problema es el dinero. Controlar los precios no es la solución, pero puede exacerbar la idea de que Pekín se aleja de tomar medidas más severas.

Por Wei Gu