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La escritura a mano como signo de distinción

La feria Madrid Pen Show reúne a 40 expositores de toda Europa para abastecer a los coleccionistas de estilográficas.

Julia Gusano, que mantiene la única tienda especializada en plumas antiguas en Madrid, Trade Art, achaca a dos razones el auge del coleccionismo de estilográficas: "Con internet y lo digital, parece haber resurgido en mucha gente el deseo de personalizarse, de tener algo propio como la caligrafía y la pluma estilográfica. Además, la estilográfica, como el reloj, que es otro coleccionismo con el que está relacionado, son las únicas joyas que suele lucir un caballero".

Tal vez la otra razón que puede aducirse para que se haya incrementado la cotización de las estilográficas antiguas y la actividad vendedora puede encontrarse en la conexión entre los aficionados a través de los foros de internet. Aunque muchos de ellos se ven las caras este fin de semana en el Hotel Zurbano de Madrid, donde se celebra la séptima edición de Madrid Pen Show.

Una cita que se ha colocado entre las mejores de Europa de su actividad, y que a la que acuden unos 40 vendedores y cientos de coleccionistas; este año, el objetivo está en superar el millar. Y eso a pesar de que, según Julia Gusano, "el coleccionismo sigue lejos de los niveles de Gran Bretaña o Estados Unidos".

Perfiles variados

En contra de cualquier imagen a priori, buena parte de los nuevos coleccionistas son gente joven y que busca piezas no exactamente de colección, sino fiables y con una historia detrás. La creciente afición por la caligrafía, con un claro origen en Japón, tiene también algo que ver. E igualmente, según Julia Gusano, la constatación de que "ciertos productos antiguos tienen una mejor factura, no se hacían con tecnología sino con un bien más precioso, el tiempo, y unos materiales más nobles".

Es frecuente que unas estilográficas de producción industrial de hace décadas funcionen a la perfección, con más fluidez que otras producidas recientemente. Y en Madrid Pen Show pueden adquirirse modelos de cincuenta años de antigüedad o más, totalmente operativas, por precios que en ocasiones no superan los cincuenta euros.

Entre los coleccionistas también se producen curiosos fenómenos de especialización, como los que se limitan a adquirir estilográficas elaboradas con determinados materiales -como el tradicional celuloide o la madera- o que carguen tinta con algún proceso concreto, en lugar de los cargadores de plástico habituales hoy en día.

A las marcas míticas, como Parker o Waterman, se suman también para las búsquedas de los expertos determinadas marcas italianas e incluso alguna española. Aunque la estilográfica vivió los vaivenes habituales en toda la industria más creativa durante el franquismo, son buscadas algunas marcas como la pionera Font Pelayo, creada en Barcelona por un emigrante de la localidad segoviana de Fuentepelayo.

Además de la venta de estilográficas o de distintos complementos, en particular relacionados con las cargas y la tinta, la cita cuenta con la presencia del ensayista chipriota Andreas Lambrou -autor del libro Fountain Pens of the World, volumen de referencia del sector- o de un reparador especializado alemán.

Las nuevas opciones y el regalo tradicional

A marcas como Parker, Waterman, Pelikan o Montblanc -desdeñada por muchos coleccionistas como "estilográfica de estatus" en detrimento de la calidad de escritura- se están sumando otras firmas como la japonesa Pilot o la alemana Lamy para producir estilográficas de plástico, coloristas, de precio económico, buen rendimiento y con buena aceptación del público. Ello ha obligado a su vez a las firmas tradicionales a reaccionar con "series económicas" que según Cristina Ramos, de Estilográficas Sacristán, "ofrecen un rendimiento realmente bueno por precios inferiores a 30 euros".

En efecto, el mercado de la estilográfica parece haberse fracturado en dos grupos muy distintos: el de la pluma asequible en series masivas y la muy cara, a partir de 600 euros, para regalos de empresa. "En cambio, las más difíciles de vender son las que se encuentran entre 200 y 400 euros", explica Cristina Ramos. Tal vez, precisamente, porque en ese margen de precio es posible conseguir plumas de colección de cierto interés y buen rendimiento.

En ese segmento, por ejemplo, se encuentran las plumas lanzadas por ciertas marcas, en particular del automóvil. Cristina Ramos explica que las ventas de las lanzadas por Jaguar fueron inicialmente buenas, "aunque luego cayeron. Creo que al público español no le gusta la idea de pagar por productos que puedan parecer publicitarios".

Además de los jóvenes, que de momento no son consumidores numerosos, las plumas económicas de buena calidad tienen un mercado creciente entre los alumnos de los colegios alemanes o franceses, donde su empleo es obligatorio para ciertos trabajos de caligrafía.