TRIBUNA

Solución al déficit tarifario

El llamado déficit tarifario, objeto de intenso debate en el sector eléctrico español en los últimos meses es un síntoma y una síntesis de la encrucijada a la que ha llegado el sector. Este déficit tarifario alcanzó los 14.950 millones de euros acumulados hasta el año 2009 y se acercará a los 20.000 millones a finales de 2010. Si no se toman medidas y se sigue con la tendencia actual, puede superar los 40.000 millones en 2020. Es decir, cada consumidor de energía eléctrica tiene en la actualidad una deuda que tendrá que pagar en los próximos años de unos 1.000 euros con el sistema eléctrico, que puede duplicarse en el año 2020.

Para estimar la evolución del déficit tarifario a 2020, se ha tomado como caso base una evolución tendencial de las tarifas de acceso (3% de incremento anual) por lo que los ingresos regulados crecerán un 62%. Por su parte se estima que los costes regulados del sistema aumentarán un 73%, con un reparto muy heterogéneo: mientras los de transporte y distribución lo harán un 27%, el desarrollo de renovables que prevé el Gobierno hará que las primas del régimen especial se multipliquen por 2,2 y el coste de atender al déficit acumulado se cuadruplique. En este escenario tendencial aumentará el desajuste entre ingresos y costes, produciendo un nuevo déficit, generando mayores intereses e incrementando la partida destinada a pagar dicha deuda dentro de los costes del sistema. Un efecto acumulativo similar al de una bola de nieve.

Para frenar esta bola se deben tomar varias medidas simultáneas: analizar las partidas susceptibles de recorte, hacer converger los ingresos con los costes mediante incrementos progresivos de tarifas, y atender al ritmo al que se producen ambos factores para evitar el efecto de acumulación. Respecto a la primera medida, solo apuntar que los costes regulados -los más significativos son el transporte, la distribución y las primas del régimen especial- deben ser objeto de escrutinio por parte de los organismos reguladores para detectar aquellos en los que puede estar produciéndose un exceso o un déficit de retribución.

Por otra parte, uno de los debates más candentes en la actualidad -la Subcomisión del Congreso presentará sus conclusiones al Ministerio en los próximos días- consiste en analizar si algunos costes (en particular las primas a las energías renovables) deben ser considerados exclusivos del sector o no. Un modelo mixto que combine varias fuentes de recursos es posiblemente el más eficiente: por ejemplo emplear medidas fiscales para determinadas tecnologías -como las solares o de cogeneración-, y un posterior reparto de una parte de la cuantía pendiente entre varios subsectores económicos y energéticos.

El retraso en la solución de déficit tarifario es un segundo factor crítico en la propia acumulación del déficit. El efecto bola de nieve sólo tiene lugar si ésta dispone de una ladera por la que rodar. El reto para la Administración es que el sector eléctrico deje de generar nuevo déficit a partir de 2013. Para lograrlo, con la evolución prevista para los costes regulados, se debería establecer una senda de incrementos de las tarifas de acceso cuyo esfuerzo se concentre en los tres primeros años (11% en 2011, 10% en 2012 y 8,5% en 2013) para poder alcanzar el objetivo de déficit nulo en 2013. Posteriormente, el incremento de tarifas de acceso podría adoptar una tendencia constante (3,5%) que evite la generación de nuevo déficit. Con esta senda se lograría reducir el déficit acumulado hasta los 8.600 millones de euros en 2020. Podría existir la tentación de retrasar la decisión de incrementar las tarifas a corto plazo aunque el resultado buscado sobre el déficit acumulado sea equivalente. Para ilustrar las consecuencias de esta opción podríamos considerar otro escenario en el que se obtiene el mismo resultado (déficit acumulado de 8.600 millones en 2020) pero en el cual el esfuerzo de incrementar las tarifas se aplaza hasta el final de la década.

Aunque en este escenario que pospone el esfuerzo tarifario el resultado final sería el mismo, la factura que habrían tenido que pagar los consumidores durante esta década por todos los costes regulados será 5.850 millones superior. El motivo, la acumulación del déficit durante el periodo 2010-2016, aumentando el tamaño de la bola de nieve, y exigiendo un esfuerzo tarifario mucho mayor en el periodo 2017-2020.

Estos resultados exigen un debate en profundidad, ya que retrasar decisiones sobre el aumento de las tarifas únicamente nos llevará a tener que pagar una factura muy superior. Debemos plantearnos si estos mayores costes, que no aportarán ningún beneficio, no podrían tener un mejor destino.

Antonio Rodríguez de Lucio / Blanca Perea. Socio / sénior mánager del Sector Energía de PwC