COLUMNA

Los Nobel de Economía y el empleo

En los registros de los servicios públicos de empleo el paro se ha incrementado en octubre (68.213 personas), mes que habitualmente suele aumentar, hasta un total de 4.085.976 personas. Situándose la cobertura del sistema de protección por desempleo en el 75,6%.

En periodos de crisis económica internacional y desempleo persistente, del cual nuestro país no ha sido ajeno, el paro se ha convertido en la mayor preocupación de los ciudadanos. En este sentido, a nadie debe de extrañar la coincidencia en la concesión del Premio Nobel a tres economistas (P. Diamond, D. Mortensen y C. Pissaridis), por sus modelos matemáticos sobre las fricciones que se producen en la búsqueda en el mercado de trabajo por parte de los empleadores y los demandantes de empleo. Los galardonados opinan que la mejora de la intermediación laboral y de las políticas activas de empleo aparecen como clave para reducir las tasas de desempleo.

Su concesión no ha estado exenta de un amplio debate. Algunos medios de comunicación llegaron a manifestar que los premiados estaban a favor de restringir las prestaciones por desempleo. Lo cual no es cierto. Si repasamos las hemerotecas podemos comprobar cómo, actualmente, Pissaridis aconsejaba al nuevo Gobierno británico que reducir las prestaciones por desempleo no sería conveniente para la economía. Además, el tratar a los desempleados como personas que no aceptan ningún tipo de trabajo no es correcto. Lo que tenemos que hacer, antes que nada, es analizar las ventajas e inconvenientes de cualquier sistema, en este caso, el de prestaciones por desempleo.

Las críticas que suelen hacerse a las políticas pasivas (pago de las prestaciones económicas por desempleo) son, en primer lugar, que un elevado gasto tiene consecuencias financieras negativas sobre el déficit público y, por último, un sistema generoso desincentiva la búsqueda activa de empleo y produce un aumento del paro de larga duración.

Entre los efectos positivos de las políticas pasivas hay que recordar que su aplicación es un estabilizador automático de la demanda de consumo y, por lo tanto, puede paliar las consecuencias desfavorables para la economía en su conjunto a través del efecto multiplicador. Sin mantenimiento de la renta disponible se deteriora el consumo.

Además, pueden evitar en los primeros momentos, después de acceder al desempleo, que las personas en dicha situación acepten cualquier tipo de puesto de trabajo que se les ofrezca sin tener en cuenta la adecuación entre dicho puesto de trabajo y sus características ocupacionales y experiencia profesional, lo que supondría una pérdida de capital humano. Por otra parte, así se contribuye a un mejor funcionamiento del mercado de trabajo al lograr una gestión más eficiente del mismo en cuanto al ajuste entre oferta y demanda.

Si queremos que los efectos positivos de las políticas pasivas superen a los efectos negativos, debemos vincular de forma eficaz las políticas activas y la cobertura del desempleo a través de la formación para el empleo. De ese modo, mejorará la situación profesional y la empleabilidad de los desempleados, y al mismo tiempo se reducirá, en la medida de lo posible, el tiempo de permanencia en los servicios públicos de empleo; sobre todo en tiempo de cambios turbulentos donde los empleos que se destruyen son muy distintos a los empleos que se crean. Igualmente, con la mejora de la empleabilidad mediante las políticas activas de empleo se favorecerá la adaptabilidad permanente de los trabajadores para que dispongan de competencias claves y capacidades transversales.

En el caso particular de España, la cuantía media bruta de la prestación contributiva por beneficiario durante septiembre de 2010 ha sido de 845 euros, mientras que el salario medio es de 1.800 euros brutos. Ello supone una tasa de sustitución o de reemplazo (grado en el que el sistema de prestaciones reemplaza las rentas obtenidas durante el periodo de actividad laboral) del 47%. Con este dato no creemos que exista una excesiva generosidad, sobre todo para aquellas personas que no disponen de otra renta alternativa.

Con todo ello se puede concluir que no parece que nuestro sistema de protección por desempleo sea una de las causas de las altas tasas de paro, sino todo lo contrario, ayudan a la mejora de la renta disponible y, por lo tanto, a la cohesión social.

Vicente Castelló. Profesor de la Universidad Jaume I de Castellón