TRIBUNA

Victoria republicana en Estados Unidos

Las elecciones legislativas en EE UU han resultado en una victoria contundente para el Partido Republicano y una derrota sin paliativos para el presidente Obama, que ha perdido la mayoría en la Cámara baja del Congreso, donde los republicanos han recuperado 55 escaños. El único consuelo para Obama es que los demócratas han mantenido, pese a perder escaños, su mayoría en el Senado.

Este resultado ha confirmado las encuestas y el descontento popular de gran parte de la población con la dirección del país y con las políticas de Obama. De acuerdo con las encuestas a pie de urna, 8 de cada 10 estadounidenses están en desacuerdo con la marcha del país. Este resultado confirma también la volatilidad del electorado: tras la gran victoria de Obama hace dos años, ésta es la tercera elección consecutiva en que los votantes castigan al partido en el poder.

Tres factores han sido decisivos en este resultado. El más importante, sin duda, ha sido la precaria situación económica. El paro sigue enquistado por encima del 9% y los ciudadanos estadounidenses están muy preocupados por la marcha de la economía y por la posibilidad de perder sus trabajos. Pese a que la crisis se originó antes de que Obama llegase a la presidencia, los votantes piensan que no se ha hecho lo suficiente para mejorar la situación. Los republicanos han sabido capitalizar este descontento.

La segunda razón ha sido lo impopular de algunas de las políticas aprobadas en los dos últimos años, y en particular: el nuevo programa de salud (que, pese a que todavía no ha entrado en vigor, ha sido un arma para los republicanos porque hay una gran confusión sobre lo que en realidad implica); el paquete de estímulo para salir de la recesión, que ha disparado el déficit, y el rescate de las instituciones financieras. Estas medidas han supuesto un mayor intervencionismo por parte del Gobierno, algo muy controvertido en este país, y las bases republicanas, agitadas por el nuevo Partido del Té, se han revelado al grito de que "hay que recuperar el Gobierno". Los votantes (como en casi todo el mundo) sienten que se ha rescatado a los culpables de la crisis (Wall Street) a su costa.

Por último, Obama, que durante la campaña presidencial levantó unas grandes expectativas, no ha podido cumplirlas. Muchos demócratas le acusan de haber sido demasiado pasivo y reactivo frente a los ataques republicanos. Otros, de que ha dejado la iniciativa al Congreso y que no ha ejercido su liderazgo. Y otros, de ser un elitista que no puede conectar con el americano medio. Justo o injusto, todas estas acusaciones le han perjudicado con las bases de su partido.

El varapalo ha sido profundo para Obama y tendrá consecuencias importantes en su agenda legislativa, además de poner en peligro sus perspectivas de reelección. Los republicanos han dejado claro durante la campaña que su prioridad número uno será asegurarse de que Obama no es reelegido, y que harán todo lo posible por tratar de revertir las leyes aprobadas durante los dos últimos años, y en particular el controvertido programa de salud. Pese a que carecen de los votos en el Senado y de que Obama vetaría cualquier iniciativa legislativa en esa dirección, los republicanos se encargarán de hacerlo muy visible durante los dos próximos años para así seguir dañando a Obama y a los demócratas y perjudicar sus perspectivas de reelección.

Obama lo va a tener difícil pero no le debemos dar por muerto todavía. Dos antecesores suyos que sufrieron una severa derrota en las elecciones a mitad de su mandato (Reagan y Clinton) ganaron fácilmente la reelección dos años después. Las claves para Obama será conseguir que la economía se recupere (será absolutamente fundamental si quiere ser reelegido) y tratar de construir puentes con los republicanos para conseguir logros en temas como la inmigración, la energía o la reducción del déficit, que muestren su capacidad de gobernar con la oposición. A su favor cuenta que ahora los republicanos tendrán que demostrar que no son sólo el partido del no o arriesgarse a que se les acuse de obstruccionistas y de no resolver los problemas. Esperemos que todos estén a la altura de las circunstancias. Mucho está en juego, no sólo para EE UU.

Sebastián Royo. Catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Suffolk